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Concierto REAL FILHARMONÍA DE GALICIA en Vigo

Cultura Conciertos General De pago
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Concierto REAL FILHARMONÍA DE GALICIA en Vigo
  • 23-11-2022 23-11-2022 Concierto REAL FILHARMONÍA DE GALICIA en Vigo Disfruta de este concierto y colabora con la campaña solidaria CULTURA POR ALIMENTOS, depositando alimentos no perecederos en los contenedores habilitados a la entrada del teatro. Coge ya tus entradas en Ataquilla Afundación socioculturales@afundacion.org Europe/Madrid public true Añadir al calendario
  • Fechas:

    23 NOV 2022

  • Horario:

    20.00 h

  • Entrada:

    De pago
  • Modalidad:

    Presencial
Comprar

Ya puedes coger las entradas sueltas en Ataquilla.com para este concierto de la TEMPORADA DE ABONOS DE CLÁSICA AFUNDACIÓN 2022.

Duración aprox. 1 h 35 min
Director Paul Daniel
Piano Denis Kozhukhin


I
SERGEI RACHMANINOFF (1873-1943)
Concerto para piano núm. 3, op. 30 en re menor
Allegro ma non tanto
Intermezzo
Finale
II
SOFIYA ASGATOVNA (1931)
Fairytale Poem
DMITRY SHOSKTAKOVICH (1906-1975)
Sinfonía núm. 9 en mi-bemol maior, op. 70
Allegro
Moderato
Presto
Largo
Allegretto

 

REAL FILHARMONÍA DE GALICIA

La Real Filharmonía de Galicia fue creada en 1996 en Santiago de Compostela, y tiene su sede permanente en el Auditorio de Galicia, en la ciudad de Santiago de Compostela. Está formado por cincuenta músicos de 17 nacionalidades diferentes. Paul Daniel es, desde 2013, su director titular y artístico; Maximino Zumalave su director asociado y Joana Carneiro la directora invitada principal. La orquesta colabora con los más destacados directores, cantantes e instrumentistas de todo el mundo.

La RFG apuesta por acercar la música clásica a toda Galicia, al público más joven y destaca también su compromiso con el patrimonio musical gallego. Gestionada por el Consorcio de Santiago, la RFG está financiada por la Administración General del Estado, la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de Santiago.

 

Esta exposición se enmarca en la iniciativa CULTURA POR ALIMENTOS que llevamos a cabo en colaboración con FESBAL y que pretende acercar alimentos de primera necesidad a los bancos de alimentos locales. Colabora con tu donación de alimentos no perecederos al acceder a la exposición.

AQUÍ más información.

 

NOTAS AL PROGRAMA

Durante siglos, decenas de músicos europeos incluyeron la corte de los zares rusos en sus giras o la eligieron como destino laboral permanente; sin embargo, hasta finales del siglo XIX, los compositores rusos eran casi desconocidos, siendo Mikhail Glinka uno de los primeros que despuntó y que, además, sirvió de referencia para la próxima y ya afamada generación: Rimski-Korsakov, Moussorgski, Chaikovski, etc. A partir de ese momento, la antigua Unión Soviética se convertiría poco a poco en una de las primeras potencias musicales del mundo a través de Scriabin, Medtner, Prokofiev, Stravinski, Kachaturian, Schnittke y un extenso catálogo que incluye los autores y la autora programados en este concierto. Sergei Rachmaninov, Dmitri Shostakovich y Sofia Gubaidulina quizás estén unidos por su necesidad de componer, su talento y la veracidad de una música que comunica experiencias profundamente sentidas, a pesar de que los separen unas pocas décadas, la manera de escribir y sus vivencias personales en su país.

 

A lo largo de la historia, la música tuvo que procurar caminos expresivos alternativos, subterfugios y eufemismos para evitar la censura y denunciar indirectamente contextos de opresión. A partir de la segunda década del siglo XX, eso fue una constante para dos de los compositores de este programa, vigilados y amenazados por el régimen soviético: Rachmaninov, quien abandonó el país en 1917 para no volver; y Shostakovich que, como Prokofiev, incluyó en sus obras la ironía, el sarcasmo y la sátira. También tuvo que sobreponerse Gubaidulina, señalada por la religiosidad que la inspiraba y por el desafío con sus tendencias vanguardistas hacia los avances de los modernistas occidentales. Ella, insurrecta, no cesó en su empeño creador y se mantuvo libre. Sus primeras creaciones llamaron la atención de Shostakovich quien, tras estudiar una de las sinfonías, le dijo: «No tengas miedo de ser tú misma. Deseo que sigas tu propio camino equivocado». En 1979, con Schnittke y Denisov, Gubaidulina forma un grupo cuya música fue denunciada y prohibida, algo que podría haber marcado el fin de su carrera, pero su concierto de violín Offertorium fue sacado, subrepticiamente, desde la URSS para que Gidon Kremer lo estrenase en Viena en 1981. En 1992, Gubaidulina se instaló en Alemania, donde sigue componiendo inspirada en la literatura y la filosofía, explorando la relación de lo humano y lo divino sobre antiguos textos bíblicos, litúrgicos y poéticos de San Francisco de Asís, Rilke, TS Eliot, Marina Tsvetayeva o Gennadi Aigi. Fairytale Poem (1971) es música compuesta para un programa de radio infantil sobre el cuento de hadas El trozo de tiza del escritor checo Mazourek, que también puede interpretarse sin texto como pieza instrumental, tal y como se tocará en este concierto. La compositora intuyó en esa historia «una parábola sobre el destino de un artista», conectando la tiza y el papel del artista en la sociedad. Gubaidulina explica que la tiza sueña con dibujar cosas maravillosas, pero solo escribe palabras, números y geometría en el encerado escolar, reduciéndose cada día, perdiendo toda esperanza, y siendo descartada por la clase, acaba en el bolsillo de un niño dibujando los castillos y jardines soñados en el suelo y siendo tan feliz que no es consciente de que se disuelve en ese hermoso mundo. La fuerza del relato, el dinámico tapiz sonoro, el especial lenguaje musical de la compositora y la clara estructuración de la obra permiten que cualquier oyente, incluso niños y niñas, encuentren rápidamente un acceso intuitivo a los espacios sonoros de la nueva música.

 

Rachmaninov estudió con Arenski, éste con Rimski-Korsakov y Taneyev quien fue alumno de Chaikovski. De esa manera, Rachmaninov estaba, cronológicamente, entre los compositores de la «vieja Rusia» y los soviéticos, y, estéticamente, entre el nacionalismo de Rimski y el romanticismo académico de Chaikovski. El otoño de 1909 marcó el comienzo de los últimos años del compositor en su país con el viaje a América para una primera gira de conciertos como pianista y director. En verano, para esos conciertos, compuso una nueva obra, el Tercer Concierto para piano que fue estrenado en noviembre por la Sinfónica de Nueva York y Walter Damrosch, repitiéndolo con la Sinfónica de Boston en Filadelfia, Baltimore, Nueva York, Hartford, Bufalo y con la Filarmónica de Nueva York dirigida por Gustav Mahler. La pieza incluye las virtudes de Rachmaninov: complejas texturas, extensos acordes, magníficas melodías, exuberantes sonoridades, trazos que la hacen tremendamente exigente para los solistas. Un original concierto que surge, casi totalmente, del tema inicial del primer movimiento, una de las melodías más inquietantes que Rachmaninov había escrito nunca. Sobre cuerdas silenciadas y rumorosas, el piano expone una melodía inequívocamente rusa que él mismo explica «...no está tomado de formas de canciones populares ni de fuentes eclesiásticas. Simplemente, se escribió solo [...] solamente pensaba en el sonido. Quería cantar la melodía en el piano como lo haría un cantante y encontrar un acompañamiento orquestal adecuado, o más bien uno que no hubiese amortiguado este canto. Eso es todo». Ese canto reaparecerá transformado a lo largo del concierto. Enseguida, cuerdas y después maderas presentan una pequeña marcha retomada por el piano que la transforma mágicamente en un pasaje de gran nivel. El invernal Intermezzo es introducido por la orquesta antes de que el piano irrumpa y desarrolle las ideas de la orquesta. Poco a poco, el tema germinal del primer movimiento aparece en el fondo, y el autor construye la sección central sobre un rápido ritmo de vals hasta que el piano lleva la música hacia el Alla breve final. El retorno del tiempo pone fin a la partitura con un impulso furioso y el piano tocando acordes en un staccato percusivo.

 

Stalin esperaba que Shostakovich compusiera una novena sinfonía cercana a la célebre Novena de Beethoven con motivo de la victoria de la Unión Soviética, junto a los demás aliados, sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial. El compositor era una personalidad destacada en la música del país y esa obra cerraba la llamada Trilogía de Guerra que conformaban las Sinfonías núm. 7 y 8, y parecía que todo apuntaba a que marcara un hito histórico. Sin embargo, Shostakovich aprovechó el momento para alejarse del poder político y reflexionar sobre la hipocresía y ligereza de unos burócratas festejando con música el resultado de una cruenta contienda. El resultado fue una obra sencilla compuesta con más sarcasmo que épica, una sinfonía de contornos clásicos con una pieza irónica, falsamente ingenua, de la que el propio compositor dijo: «A los músicos les encantará tocarla y a los críticos destrozarla». Durante años, la crítica soviética estuvo dividida, unos definieron la sinfonía como ligera y deliciosa, y otros opinaron que conformaba una caprichosa diversión artística en un momento trascendental que requería obras trascendentales. En 1948, el gobierno, que había suavizado el control de las artes durante la guerra, volvió a reprimir el «formalismo de las élites» y la relevancia de autor lo convirtió en un blanco propicio con el argumento de «escribir música contraria al espíritu del pueblo soviético». Fue colocado en la lista negra de compositores, prohibiendo muchas de sus obras y, aunque Stalin levantó esa prohibición en poco tiempo, la música de Shostakovich no volvió a ser la misma hasta después de la muerte del gobernante en 1953. La Novena es reconocida como la sinfonía clásica del compositor por su brevedad, forma y carácter camerístico, influenciada por Haydn y Mozart, sobre todo en el primer movimiento, y por Mahler, en los demás. El Allegro inicial sigue la forma de sonata hasta la repetición de la exposición (lo que solo sucede en esta sinfonía); ofrece energía y osadía con un repetido pasaje del trombón que anuncia e interrumpe la declaración del flautín sobre el segundo tema. El Moderato es más sombrío, melancólico, casi trágico; el tema que introduce el clarinete podría ser un vals lento. Los tres últimos movimientos se interpretan sin pausa. El Scherzo asoma fugaz, se vuelve completamente diabólico cuando aparecen los metales, pero pierde ánimo y comienza a desmoronarse en favor de un Largo ‒uno de los pocos momentos serios de la partitura que se puede interpretar como una maravillosa y trágica conversación entre el hombre y las máquinas, algo que enlaza con lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial‒ que consiste en dos amenazadores pronunciamientos de trombones y tuba, seguidos por un conmovedor solo de fagot. Otro solo se convierte en el alegre tema principal del Final, que a veces puede parecer una danza y otras, una marcha.

 

Paul Daniel
Paul Daniel
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