Concierto ORQUESTA SINFÓNICA DE GALICIA con MARINA HEREDIA en Pontevedra
La Orquesta Sinfónica de Galicia ofrece un concierto con programa de Federico García Lorca y Manuel de Falla y la voz de la cantaora Marina Heredia.
Coge tus entradas a partir del día 10 de febrero en Ataquilla.com a un precio único de 10 €.
JOSÉ TRIGUEROS | director
MARINA HEREDIA | cantaora
PROGRAMA
I
FEDERICO GARCÍA LORCA (1898-1936)
Canciones españolas antiguas
Anda, jaleo
Los cuatro muleros
Las morillas de Jaén
Zorongo
Romance de Don Boyso
Los pelegrinitos
Los mozos de Monleón
El café de Chinitas
Nana de Sevilla
Sevillanas del siglo XVIII
II
MANUEL DE FALLA (1876-1946)
El corregidor y la molinera
Cuadro Primero
Los molineros y el mirlo
Los celos
Danza (el fandango)
El corregidor y la molinera
Las uvas
Cuadro Segundo
La cena. Seguidilla
La espera del galante
Los alguaciles: la despedida
La copla del cuco
¡En guardia, caballero!
Garduña se multiplica
También la corregidora es guapa
NOTAS AL CONCIERTO por Luis Suñén
De una España que no pudo ser
Las obras que vamos a escuchar en este concierto pertenecen a lo que se ha llamado la Edad de Plata de la cultura española, es decir, ese periodo que abarca en lo político la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República, y que representó primero la búsqueda de una salida a la crisis noventayochista y, luego, el intento por ir consolidando la progresiva incardinación de sus logros artísticos en lo que llamamos modernidad. No tanto como movimiento, sino como realidad formada desde distintas aportaciones científicas, literarias, plásticas o musicales con una intención, además, de irradiación social novedosa. El concierto que nos ocupa reúne dos nombres cimeros de esa Edad de Plata, dos de los grandes creadores españoles de todos los tiempos, universalmente reconocidos.
Las músicas de su autoría que se proponen aquí definen muy bien el momento cultural de sus días, con la suma de las estéticas contemporáneas y la imbricación de lo popular en lo culto. Tanto en el caso de Falla como en el de García Lorca —el poeta hizo también mucho trabajo de campo, si bien no sistematizado— a través de una búsqueda que es también estilización del modelo desde el respeto al mismo —como vemos, por ejemplo, en Bartók y Kodály, en Holst y Vaughan Williams— mientras manifiesta, al mismo tiempo, una elegancia de dicción que, en el compositor gaditano, tiene que ver también con su formación francesa y el viaje de ida y vuelta que para contemporáneos como Debussy o Ravel tenía la inspiración en lo español. Por otra parte, don Manuel, según evoca Isabel García Lorca en Recuerdos míos, llegaba a dudar de si alguna de las canciones que Federico decía haber hallado en algún pueblo era verdaderamente popular o fruto de su propio ingenio, a lo que llamaban sus amigos «folklorquismo».
Falla y García Lorca estarán presentes en el Concurso de Cante Jondo que se celebrará en Granada en 1922 y que marcará, además de lo que tiene que ver con el desarrollo del propio género, un acercamiento al mundo intelectual que tendrá consecuencias hasta nuestros propios días. Recordemos también que el poeta admiraba profundamente al músico y que Falla llegó a participar en las veladas de títeres de cachiporra que organizaba García Lorca, aunque luego se distanció de él a raíz de la publicación, en Revista de Occidente, de su Oda al Santísimo Sacramento del Altar, ese enorme poema tan audaz como respetuoso, dedicado precisamente a su amigo músico, que don Manuel, tan centradísimo como católico, no supo entender. Una distancia que, sin embargo, jamás alcanzaría a lo más profundo ni del uno ni del otro, dos seres humanos verdaderamente excepcionales en su obra como en su vida, en su arte como en su calidad moral.
Federico García Lorca: Canciones españolas antiguas
Además de extraordinario poeta, García Lorca era un competente músico aficionado que seguramente hubiera querido ser más que eso: «Ante todo soy músico», diría. Su oído musical, imprescindible para cualquier escritor y más si se dedica a la poesía o al teatro, resulta evidente en sus poemas, sobre todo en aquellos que se caracterizan por un ritmo muy marcado en sus estrofas. A eso hay que añadir, como decíamos al principio, su amor por lo popular, su interés de investigador en la expresión tradicional, sobre todo en la andaluza y, también, su agudeza para captar el fluir de su propio tiempo, cuando la música española se volcaba en ello, a raíz sobre todo del Cancionero popular musical español de Felipe Pedrell cuya publicación completa culminaría en 1922. Tras este trabajo de Pedrell y paralelamente a la búsqueda lorquiana, aunque con las armas y bagajes del músico profesional, Joaquín Nin publicaría sus Veinte cantos populares españoles (1923). Él mismo decía de ellos, como señala Jorge de Persia, que «no se trata de armonizaciones sino de estilizaciones o, si se quiere, melodías para canto y piano a base de temas populares», reconociendo como referencia el ejemplo de Manuel de Falla y sus Siete canciones populares españolas aparecidas en París el mismo año. Poco después, en 1926, el propio Nin publicaría Quatorze airs espagnoles anciennes, Sept chants lyriques espagnoles y Sept chansons picaresques espagnoles anciennes. Tras la Guerra Civil seguirán apareciendo algunas recopilaciones a cargo de Fernando Obradors en sus Canciones clásicas españolas y, sobre todo, de Joaquín Nin Culmell —hijo de Joaquín Nin— en las que se encuentran coincidencias con los títulos seleccionados por García Lorca para sus Canciones españolas antiguas, pero con una mayor elaboración de la parte pianística. Tengamos en cuenta que García Lorca no es un compositor sino un recopilador primero y un armonizador después —«con sentido de poeta», como él mismo decía— de canciones populares que inserta en sus piezas teatrales o utiliza en sus famosos fines de fiesta. Las que oiremos en este concierto no son las únicas suyas, y del conjunto —que incluye, además, dos sobre el Romancero gitano y doce para sus piezas teatrales— han ido dando cuenta las sucesivas ediciones de sus obras completas y, naturalmente, el exhaustivo trabajo de Roger Tinnell Federico García Lorca y la música, publicado por la Fundación Juan March. Como es de sobra sabido, el referente interpretativo —incluso en lo que toca a sus letras, que presentan variantes según sea su editor— y el verdadero Urtext, aunque no impreso, de las Canciones españolas antiguas es, como indica Pedro Vaquero, la grabación discográfica que para La Voz de su Amo hicieran en la primavera de 1931 —una fecha bien significativa— Encarnación López «La Argentinita», que también toca los palillos, y el propio Federico García Lorca —que creía firmemente en «los discos de gramófono» para preservar ese tesoro popular— al piano, con la inclusión de una orquesta en Anda jaleo.
Son trece las canciones que conforman el grupo de Canciones españolas antiguas. Once de ellas fueron armonizadas por el propio Federico García Lorca y dos —Los reyes de la baraja y La tarara— por Emilio de Torre. Y especialmente importante es en este concierto el estreno de la orquestación que José Trigueros —que se une así a los nombres de Juan Manuel Alonso, Feliu Gasull, Josep Pons, Joan Albert Amargós y Lluís Vidal— ha elaborado para las diez que vamos a escuchar. Una orquestación que se corresponde con el mismo orgánico necesario para El corregidor y la molinera y que por eso puede resultar un atractivo más a la hora de programar, como sucede esta noche, ambas obras juntas. El propio Trigueros le comentaba al autor de estas notas que su intención ha sido, «a partir de la edición para canto y piano prologada por Gustavo Pittaluga, de 1961, ser muy fiel al acompañamiento original, que este pase con naturalidad del piano a la orquesta y que la voz luzca». «Aquí, —señala en expresión que podría haber firmado el propio García Lorca— sobreorquestar sería como echarle gaseosa a un vino bueno».
Vivamos la emoción, tan presente aún para muchos, cada vez más lejana para los más jóvenes, de acercarse a músicas que nos pertenecen desde siempre, rescatadas en su momento en un impulso que, por desgracia, parece atemperarse con el tiempo. Como si lo popular, lo compartido que estas canciones destilan, fuera perdiéndose poco a poco, sumido en una corriente de costumbres y de nuevas músicas, sin arraigo, sí, pero con enorme poder globalizador.
Manuel de Falla: El corregidor y la molinera
El corregidor y la molinera es la primera versión de El sombrero de tres picos. El asunto de la novela del mismo título de Pedro Antonio de Alarcón, publicada en 1874, tentaba a Falla, como señala Antonio Gallego, desde 1904. Pudo haber sido una ópera —lo que fue La vida breve— o un ballet ya desde el principio si Falla hubiera seguido la idea inicial de Diaghilev, pero fue una pantomima que se daría por vez primera en el Teatro Eslava de Madrid, dentro del proyecto de Teatro del Arte de Gregorio Martínez Sierra, el 7 de abril de 1917. Todo ello antes de convertirse definitivamente, con el título de El sombrero de tres picos, en un ballet que se estrenaría con enorme éxito en el teatro Alhambra de Londres por los Ballets Rusos, con decorados y figurines de Picasso, el 22 de julio de 1919.
El estreno de El corregidor y la molinera fue dirigido por Joaquín Turina a un grupo de diecisiete músicos de la Orquesta Filarmónica de Madrid. El número de instrumentistas ya nos da una idea de algunas de las diferencias con la partitura definitiva, una cuestión que inevitablemente quien escucha tiene siempre presente en esta obra. Diferencias que no debemos tomar como parte esencial del asunto, pues si lo hacemos así nos perderemos lo que la pieza tiene de valores propios, empezando por los que pertenecen a su condición de farsa o pantomima y no de ballet a toda orquesta y pleno escenario, como ocurre con su sucesora. Vamos a escuchar los temas principales de El sombrero de tres picos, las citas populares —San Serenín, No me mates con tomate— y cultas —las sinfonías Primera y Quinta de Beethoven, por ejemplo— y, claro, el fandango, las seguidillas, si se quiere más estilizados, como correspondía a la idea inicial, al deseo del compositor de utilizar una formación casi camerística. Aquí hallaremos dieciocho escenas en dos cuadros frente a las doce en dos partes de la pieza «grande». Y, dada la sabiduría de su escritura y de su desarrollo dramático, y sabiendo bien dónde estamos, no debiéramos echar de menos ni el espectacular inicio de El sombrero, con la canción de la soprano y los olés de la orquesta, ni la arrebatadora Jota conclusiva. Como curiosidad, hoy escucharemos La copla del cuco, de la escena cuarta del segundo cuadro, en versión de cantaora y no como habitualmente —valga la expresión pues la obra no se hace con demasiada frecuencia— por una soprano o una mezzo.
El asunto de El corregidor y la molinera —y de El sombrero de tres picos—, sacado por Alarcón del romance El molinero de Arcos, es sobradamente conocido: el viejo Corregidor, portador del tricornio a que hace alusión el título, se enamora de una bella molinera, casada con un molinero «corcovado y nada hermoso», que le ridiculiza con la complicidad de su marido hasta llegar a un final que en el libreto se abre más que en la novela. Un libreto que figura como obra de Gregorio Martínez Sierra y, por tanto, sometido a las dudas crecientemente razonables y razonadas de hasta dónde no sería fruto, como en otras ocasiones, no ya de la colaboración con su mujer, María Lejárraga, sino del trabajo exclusivo de esta, a quien sus contemporáneos otorgaban mucho más crédito artístico hasta llegar a pensar que en realidad era la autora única de las mejores obras firmadas por su marido o por la propia pareja. Como sucede con El amor brujo, cada vez parece más cierto que Lejárraga fue la verdadera y única libretista de El corregidor y la molinera: una obra maestra como lo sería luego El Sombrero de tres picos. No en vano su autor, Manuel de Falla, gaditano muerto lejos de España, en un exilio voluntariamente asumido, inevitable, doloroso también, es uno de esos músicos de los que podemos decir con completa seguridad que nunca escribió una nota inútil.
Luis Suñén
Este concierto se enmarca en CULTURA POR ALIMENTOS en colaboración con la Federación Española de Bancos de Alimentos, con el objetivo de contribuir, a través de donaciones, a incrementar los recursos de los Bancos de Alimentos de Galicia.
Las entradas se pondrán a la venta a un precio único de 10 euros, e invitamos a todas las personas que asistan al concierto a que colaboren con esta campaña solidaria acudiendo al concierto con su entrada y una donación de alimentos no perecederos que serán recogidos en el propio auditorio.
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JOSÉ TRIGUEROS - Director asociado de la OSG
Su sólida formación y su profundo conocimiento de una orquesta desde dentro, gracias a su larga experiencia como primer percusionista en la OSG, hacen de José Trigueros uno de los directores con mayor proyección. Ha dirigido orquestas como la Orquesta de Valencia, la Orquesta Ciudad de Granada o la Orquesta Sinfónica de Navarra, entre otras. En 2016, en la prestigiosa Tonhalle Orchester de Zúrich, fue seleccionado por el maestro David Zinman para una masterclass.
Formado en los conservatorios de Valencia y Ámsterdam, Trigueros comezó sus estudios de dirección de orquesta de la mano del maestro Bruno Aprea que posteriormente amplió en el Conservatorio de Bruselas con Patrick Davin.
MARINA HEREDIA - Cantaora
Nacida en Granada, hija del cantaor Jaime «El Parrón», Marina Heredia comenzó a cantar desde su infancia. Con trece años participó en su primera grabación, el álbum de flamenco para niños Malgré la nuit. A partir de ese momento comenzó a actuar en los tablaos de Granada acompañando a guitarristas y bailaores. Ha colaborado con reputados artistas flamencos como Eva Yerbabuena, entre otras, así como participado en otros proyectos como la ópera De Amore del compositor Mauricio Sotelo.
Además, ha actuado en importantes salas nacionales e internacionales como en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, Teatro Albéniz y Auditorio Nacional de Madrid, Gran Teatro de Córdoba, Palau de la Música de Valencia, Carnegie Hall de Nueva York, Palais de la Musique de Estrasburgo o Crystal Palace de Porto.
Marina Heredia es una de las artistas más solicitadas internacionalmente para interpretar El amor brujo de Manuel de Falla. Ha actuado en los más prestigiosos festivales españoles como el Grec de Barcelona, Bienal de Flamenco de Sevilla, Festival del Cante de las Minas, entre otros.
En 2004 recibió el Premio Andalucía Joven a las Artes por su contribución a la difusión del flamenco en el mundo. Tras su éxito de 2016 en el Carnegie Hall de Nueva York con El amor brujo –con más de tres mil espectadores que la obligaron a salir a saludar hasta seis veces– y ese mismo año, obtuvo el máximo galardón de la Bienal Flamenco de Sevilla, por su trabajo Contra las cuerdas.
En los últimos años Heredia ha seguido su imparable carrera con actuaciones en todo el mundo. Ha realizado una gran gira con la Mahler Chamber Orchestra bajo la dirección de Pablo Heras-Casado, además, presentó su disco Esencias en Sevilla y ofreció su espectáculo Lorca y pasión.
Entre los inumerables éxitos de los últimos años citamos que ha participado como invitada especial —junto a Ara Malikian y Ana Belén— en el concierto de Noa, en la XXIV Gira Flamenca del Norte, dedicada al cantaor granadino Enrique Morente, destacar que el espectáculo Lorca y la Pasión, un mar de sueños, de Marina Heredia, es seleccionado con cinco candidaturas a los XXIII Premios Max de las Artes Escénicas.