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La humildad de los labriegos gallegos es el tema de inspiración preferido por el Xosé Cid de la primera época. Crea obras sencillas, esenciales, concebidas con una parquedad de datos y de expresiones.
La figura femenina, vestida con capa y capucha, lleva un azadón al hombro. Su rostro, del que solo podemos distinguir una delgada nariz, es simple y esquemático. El aspecto final de la pieza resulta sólido y monolítico.
El material empleado por el autor en estos primeros trabajos es el barro, del que extrae ricos efectos lumínicos. Las luces y las sombras son posibles gracias al especial trabajo del creador que consiste en violentar la superficie blanda del material mediante pequeñas oquedades e incisiones redondas, consiguiendo un relieve texturado y abrupto.
La pieza, sin policromar, respeta el color y la esencia del material, lo que le confiere un aspecto sobrio, casi pobre en su austeridad ornamental.
EXPOSICIONES:
"Xosé Cid". 1981. Sala de exposiciones de Caixaourense. A Coruña.