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Un hombre de pie, con la cabeza cubierta por una gorra, da la mano a un niño y con la otra sujeta un paraguas que apoya en el suelo. Sintetiza los rostros horadando los ojos y la boca, y, plasma el ropaje con fluida factura y aparente facilidad. Con gran sensibilidad representa a dos personajes populares, transmitiendo el candor y la ternura que le inspiran con la frescura que le da el tratamiento natural del barro.