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Con la pierna derechza ligeramente flexionada, en perfecto equilibrio con el gesto del brazo que apoya sobre el pecho, la mujer, inclina la cabeza hacia adelante dejando el rostro semioculto con un recogimiento interno en el que se mezcla el hermetismo y la sensualidad. La pose, clásica, se articula con sencillez de líneas y el equilibrio formal de la figura en la que se conjuga el refinamiento y el especial tratamiento de la femineidad, una constante en el artista, que quizá sea la parte más rica de su discurso plástico.
Reproducciones
"Colección Caixavigo. Pintura-Escultura-Dibujo". Tomo 3, página 26.