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El personaje central es la madre que, sentada en un sillón de mimbre, posa rodeada de sus hijos para un retrato. El mayor pasa la mano sobre su hombro, otro se apoya en el sillón, a su lado, y el más pequeño, sentado en el regazo, sujeta a un pajarito con la mano. El grupo destaca en primer término con las figuras cortadas por el borde inferior del cuadro sobre un fondo azul, intemporal, flanqueado por matas vegetales. La fantasía de trajes y colores y la observación realista de los detalles se une a la afectividad familiar que irradian las figuras, en un conjunto en el que la presencia del pajarito, en las manos del niño pequeño, cobra una fuerte carga metafórica, convirtiendo la imagen en emblema sin recurrir a elementos abstractos.