Comentarios
La magia vuelve a estar presente en esta obra llena de encanto que parece inspirada en la pintura francesa de finales del siglo XIX, en las imágenes de melancólicas y desvalidas mujeres bebiendo solas ante una mesa.
La joven posee un atractivo evidente, su cabellera rizada de un rojo intenso seduce de inmediato. Su mirada se pierde en algún punto indeterminado fuera del cuadro mientras sus brazos se apoyan relajadamente en la mesa circular delimitada con un simple trazo.
El contrate cromático provocado por la combinación de verdes y rojos impacta en una composición donde no se define el dibujo, no existe una superficie nítida sino texturada, incluso grumosa, generando un efecto borroso y distorsionado que confiere a la imagen una sensación de irrealidad y de ensueño, de ser que no habita en el mundo real sino en uno propio, construido, que le permite mostrarse totalmente indiferente y ausente.
EXPOSICIONES:
"Fernando Quesada". Junio de 2002. Club Financiero, Vigo