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El autor, en su habilidad para abordar todos los temas y estilos, hace evidente su capacidad de expresión y consigue sugerir el amor existente entre una madre y su hijo en una escena llena de candor y delicadeza, reflejo de la admiración que el autor ha sentido siempre por su madre.
Este tema clásico, habitual en el repertorio del autor, está presentado con una mirada moderna y al mismo tiempo atemporal. La madre, situada de perfil, observa con ternura a su hijo, captándose la íntima comunicación que se establece entre ellos.
En la obra, ha jugado sobre dos grandes masas de color, el azul para el fondo y los tierras para las figuras, marcando y reforzando sutilmente los detalles como los ojos, el cabellos y la vestimenta. Los azules de fondo no son planos sino que producen efectos lumínicos, dando lugar a una obra vibrante y llena de lirismo que, en palabras de López Vázquez, nos remite a la "sensibilidad picassiana".