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Tras la apariencia de la aprehensión inmediata de algo que está viendo, asienta Quessada sus raíces en la tradición del pasado que se nutre de maestros como Goya, Manet, o Picasso. El niño destaca sobre un fondo de rojos y verdes de distintas tonalidades, con el efecto de estar sentado en una esquina de una habitación de cualquier sitio, como si lo que de verdad quisiera el artista fuera penetrar en la vida interior del niño dejando aflorar sus dotes de refinado colorista que maneja el pincel con dulzura y se deja llevar por la ternura que le provocan los rostros de los niños.