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Tiene preferencia por los motivos silenciosos y los lugares apartados que permiten la contemplación, y el paso del tiempo. En este paisaje portuario, con un punto de vista rasante, hace converger todas las miradas en el horizonte en donde se agrupan los barcos, a la espera, en un lugar protegido, la dársena de Bouzas. Armoniza el cromatismo que el óxido crea sobre el metal, y el verdín que cubre las losas de piedra del muelle, con la brillante iluminación del agua que acentúa el atardecer, en un espacio subjetivo con acentos de soledad y nostalgia.