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La figura de la dama, sentada en un sillón, al lado de un velador con una copa, y un florero, destaca en primer plano, delante de una ventana abierta a un paisaje de mar con un barco de vela en el horizonte. La vista a través de la ventana le permite jugar con dos espacios que unifica en un acorde de luces verdes que se extienden desde el horizonte hasta el interior de la habitación. La materia, densa y grumosa, juega con pinceladas sueltas y chispazos de luces rosas, amarillas y blancas sobre el verde que domina la composición.
Exposiciones
"F. Quesada" en Nueva Sala de Exposiciones Caixavigo, mayo de 1996.