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Sobre un gran sofá de mimbre, junto a un cojín blanco de ganchillo, una niña, tendida boca abajo, da la espalda a su muñeca y observa el movimiento de un caracol. Con elementos seleccionados de su propio entorno aborda un tema profundo al que el talento mixtificador de la autora otorga un bello efecto artístico. Minuciosa en los detalles, reproduce, con exactitud, el ropaje y la urdimbre del sofá, aplicando una pintura plana en acorde de verdes, anaranjados, morados, marrones y blancos.