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La naturaleza desbordante, casi diríamos asfixiante, invade el espacio del espectador y lo sorprende con su colorido. Las hojas de las parras y las uvas son las protagonistas absolutas de una obra donde los amarillos cálidos, los rosas y los granates adquieren olor y sabor que rememoran al vino.
Las formas frondosas y de gran generosidad están perfiladas, delimitadas por líneas gruesas que contienen la fuerza de la naturaleza portadora de la alegría de la vida.