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Con el efecto del frontal de un altar, la tabla está dividida en compartimentos que encierran figuras esquemáticas abultadas en suave relieve. En el centro, San Pedro con las llaves, su atributo personal, enmarcado por dos gallos, y a los lados pequeñas hornacinas superpuestas.
El color azul lo invade todo propagando la atmósfera de una hora simbólica, la hora del alba, que precede a la visión de la propia iconografía de la composición en la que se puede apreciar esa tendencia a lo pintoresco tan característica del románico.