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El mundo del circo que tanto atrajo a los artistas de Montmatre desde Seurat hasta Picasso es tratado por X.L. de Dios en una serie de obras que el artista dedica a este tema. Escoge aquí el mundo de los arlequines por las posibilidades plásticas que este personaje de la comedia del arte ofrece. Sitúa a las figuras en un espacio, determinado por la cortina y la sinuosa curva de la pista del circo, dividido verticalmente por el bastón del arlequín. Y empieza la pantomima, Arlequín enamorado se acerca a la figura femenina, tumbada semidesnuda sobre el borde del cuadro mientras el joven arlequín con un armonioso movimiento extiende el brazo con una pequeña pirámide en la mano. Creador de exquisita sensibilidad logra un conjunto de gran riqueza plástica, en el que dominan grises y rojizos salpicados de amarillos, rosas y azules.