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La presencia del paisaje abierto, del paisaje natural, está superada por los valores plásticos de una imagen íntegra del paisaje con una poética que permite conciliar la visión de un fragmento con la unitiva y armónica de algo que forma parte del universo. El azul, el verde, el amarillo, el rosa y el blanco son como notas musicales en un espacio en el que más que la realidad visible de un paisaje concreto, el pintor presenta realidades pictoricas: el árbol, el matorral, el riachuelo, que son en el cuadro auténtica pintura.