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Palmeiro, destacada figura del grupo de pintores españoles que trabajaron en París propone un espacio organizado, con el agua en el centro del cuadro, las orillas del río en los bordes laterales y una montaña al fondo. Casas, barcos y montaña actúan como anclas en un espacio dinámico y fluido. El motivo es solamente el punto de partida desde el que construye el cuadro, que se convierte en una superficie transparente activada con colores que vibran con la luz, sin llegar a perder el equilibrio entre la realidad, la impresión que el artista recibe de ella y el aspecto que le quiere dar. La tensión entre los trazos que anotan el motivo y los colores es de gran intensidad que consigue con oficio riguroso y una bella materia de colores azules, verdes, morados y rosas con toques amarillos.