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El pintor juega con una serie de elementos que parecen sacados de un mural de una clase de Ciencias Naturales, un insecto, la figura de un cuerpo humano, minerales cristalografiados y pequeñas formas añadidas, cortadas manualmente e incorporadas en el cuadro como en una vitrina. En la parte inferior destaca una estrecha banda con la escala cromática del cuadro. Esta transgresión plástica, lleva a connotaciones y evocaciones existenciales y lúdicas en la que priman las ideas y los conceptos. Del conjunto enmarcado entre dos cristales surge un espacio nuevo del que emana un efecto de gran delicadeza.