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Sobre un fondo azul destacan 12 óvalos blancos que encierran perfiles esquemáticos de caras, en serie, jugando con los conceptos de fragmentación y multiplicación. Cada una de las formas lleva implícito el principio de un movimiento semejante al de las imágenes impresas en un trozo de celuloide en donde todo se repite y nada es igual. La forma ovalada, la seriación de las figuras y el propio título de la serie «Autorretratos» son los elementos que sostienen el discurso conceptual que plantea la obra, ejecutada con pintura plana.