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Tintas rojas y negras invaden el papel sin ningún tipo de referencia exterior. El color se convierte en escena, objeto y sujeto sin olvidar la carga poética que nos induce a una lectura subliminal. Es la expresión de lo invisible. Las manchas sensibilizan el papel habitándolo con un fluido espacial que se expande con pasión y dramatismo trascendiendo la obra de espíritu y misterio que el espectador ha de interpretar.