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La joven campesina, de esbelta figura, se yergue de pie sobre una estrecha base que forma parte de la escultura. Su cuerpo se arquea levemente para contrarrestar el peso del niño que sostiene en sus brazos. La luz actúa sobre la superficie lisa del bronce, realzando el elegante perfil de su silueta e insuflando a la escultura un contenido espiritual.