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La madre, sentada con las piernas flexionadas, el cuerpo ladeado a la derecha y la cabeza de frente, sostiene al niño en el regazo, mientras él echa la cabeza hacia atrás mirando al espectador. Las figuras, de formas simplificadas y expresión ingenua, emana amor y simpatía. Su sencilla configuración las hace casi monumentales por la energía vital que en ellas se concentra.
Reproducciones
"Colección Caixavigo. Pintura-Escultura-Dibujo". Tomo 2, página 273.