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La obra, matérica, de colores fuertes, fue hecha a su regreso de Roma. Capta un espacio panorámico con empastes rojos, amarillos, azules y verdes, sobre los que destaca una forma serpenteante. La materia pictórica invade la tela sin función descriptiva, pero con ritmos que articulan la estructura del paisaje que se va escalonando hasta el horizonte en la parte superior de la tela. Es una pintura directa ejecutada con dominio en el empaste y en la integración de las pinceladas que comunican una vibrante intensidad.
Reproducciones
"Colección Caixavigo. Pintura-Escultura-Dibujo". Tomo 3, página 273.