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Con un aire jovial y tierno, dentro de una veta figurativa, plasma una meditación y paródica sobre un tema religioso con una simbología tradicionalmente aceptada. Un ángel, de pie, levanta la espada ante una joven de larga melena, sentada en el césped, bajo la mirada supervisora de un ojo insertado en un rombo que flota en el aire. Al fondo otro ángel y un pretil alambrado tras el que continúa el espacio. Manchas negras juegan con el blanco del papel creando sombras de efecto pictórico.