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Al igual que en el cuento "El león, la bruja y el armario" de C.S. Lewis, el armario, situado en el fondo de la estancia, se comporta como un objeto vivo, la puerta de un mundo mágico que se abre a la imaginación.
El espacio compositivo se presenta fragmentado, estructurado a través de diferentes campos de color de gama neutra que configuran un ambiente sugerente, con contrastes de luces y sombras. La luz describe un recorrido que invita a penetrar en el desván para descubrir ese universo privado que el artista proyecta porque para él, "la pintura se expresa a través de su propio misterio, de su silencio".
Domina el sentido de la geometría, la línea, tanto en la configuración espacial como en el personaje, el ropero, diseñado como un rectángulo que atrae las notas cromáticas más intensas, el azul, el rojo y el amarillo que contrastan con los pardos, con la atmósfera entristecida y en penumbra del cuarto.
La acuarela de trazo delicado, casi volátil, se somete al dictado del dibujo encajándose entre los sutiles guiones del lápiz permitiendo, a su vez, que el color se exprese con libertad mediante manchas, superposiciones y quiebros que alteran la planitud del mueble.
El armario introduce en la obra el sentido de lo íntimo y de lo escondido al tornarse en metáfora, en el cofre que atesora los secretos y deseos del alma.
EXPOSICIONES:
"Jorge Castillo". Septiembre de 1977. Sala de Arte. Caja de Ahorros Provincial de Pontevedra, Pontevedra.