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Son las luces de un paisaje nocturno del que mágicamente el pintor borra todo lo superfluo para dejar sólo un armazón geométrico construido con colores. El artista mezcla ceras naturales y pigmentos elaborando pacientemente la pasta pictórica. Crea sus propios colores y, soñando con azules y morados nos lleva a fucsias, rojos, anaranjados y amarillos con un lenguaje sintético que respira incitación y sentimiento.