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Una barca con un marinero preparando los aperos de la pesca, se ajusta, perfectamente individualizada, entre el pantalán y el mar. El audaz escorzo diagonal del muelle, flanquea, lateralmente, la composición, repartiéndose la superficie del papel con el mar y un trozo de cielo. No hay preciosismo en el agua, sino sombras profundas que contrastan con las luces que iluminan el mar, al caer el sol, en armonioso concierto de amarillos, pardos, blancos azules y negros que evocan, sin ningún tipo de sentimentalismo, un acto de íntima soledad.
Exposiciones
«Día del mar» exposición nacional. 1981, Pontevedra.
Reproducciones
"Colección Caixavigo. Pintura-Escultura-Dibujo". Tomo 3, página 33.