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La visión que ofrece Rafael Alonso de París es privilegiada porque retrata la Ciudad de la Luz desde lo alto, en un mirador inigualable, la iglesia de Notre Dame. Situada en la Île de la de la Cité, la catedral tiene a sus pies el río Sena y desde sus torres se puede descubrir la ciudad y con sus innumerables puentes.
El dibujo está repleto de información. En un primer plano, sitúa al espectador en el edificio convirtiéndolo en turista, invitándolo a participar de la belleza de la ciudad que se presenta espléndida, solo delimitada por la lejana línea de horizonte. Ante la mirada atenta de viajeros y curiosos, la capital despliega todo su encanto de la mano del río que guía la mirada hacia el fondo.
El trazo es rápido, gestual e impresionista sugiriendo movimiento, provocando la impresión de luz, de río, de aire, de vida.