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El tiempo parece estar detenido en esta obra en la que la belleza del paisaje se realza con la armonía de la arquitectura tradicional.
El peso de la composición se concentra en el centro de obra concebida como una vista panorámica. En la zona inferior y superior domina el blanco que con muy poca ayuda sugiere la presencia de agua y de atmósfera.
La sensación de unión de tierra y mar, de campo y de pesca queda patente en la combinación de las barcas con los almiares, en el mar con la parra, en una visión de la Galicia costera donde la importancia de la pesca no eliminó el fundamental complemento de la agricultura.
El dibujo revela las influencias de lo aprendido en París. Rafael Alonso practica un trazo rápido, casi impresionista que, en ocasiones, recuerda a rasgos de la caligrafía china. El autor se para en la descripción de los elementos arquitectónicos, juega con la mancha y el vacío provocando efectos cromáticos en una composición que, a pesar de su folklorismo, escapa de lo convencional.