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La cuidad francesa, situada en la desembocadura del río Sena, sirve de excusa para que Rafael Alonso retome el tema de las marinas, del agua y del mar.
El paisaje, limitado por un encuadre vertical, muestra la desembocadura del río en una zona portuaria industrial y moderna, propia de una ciudad recién reconstruida tras su destrucción en la II Guerra Mundial.
La composición se estructura a partir de la línea de horizonte que relega al río y a sus márgenes al primer plano a la vez que presenta una zona superior libre, sin trazo que violente el blanco del papel, generando un cielo despejado y en calma. El enfoque estrecho y alargado refuerza la concepción vertical de las grúas, planteándose una dualidad entre el límite señalado por el horizonte y la verticalidad de los equipos industriales.
El trazo es rápido y limpio, definiendo las formas mediante las diferentes líneas, rayas, puntos que representan, de un modo sencillo y certero, los diferentes elementos que componen un escenario donde hombre se impone sobre la naturaleza.