Comentarios
El bodegón es un tema recurrente en la poética de Rafael Alonso revelándose como un excelente vehículo para abordar el estudio de diferentes naturalezas, flores, frutas, agua, paisaje... siendo constantes los cambios a lo largo de los años que presentan, según Beatriz de San Ildefonso, "la evolución propia de su estilo, encaminado siempre hacia la búsqueda de formas más simplificadas".
La disposición habitual consiste en presentar un jarrón con flores y unas frutas ante una ventana abierta al mar. En este caso, el entorno elegido para el bodegón es una recreación de una vista de Mougás, en Oia. En un primer plano, sobre el alfeizar, sitúa un cesto con mazorcas y un florero que dan paso a los campos cultivados que mueren en el azul del Atlántico. Finalmente, surge el cielo en delicados tonos celeste y rosados.
La estructura de la escena permite adivinar la futura tendencia hacia las composiciones planas ya evidente en la confusión de los diferentes planos de profundidad.
La valoración del color está presente en una obra rica donde los campos, un collage de diferentes tonalidades están, en muchos casos, definidos mediante una amplia pincelada que esquematiza las formas convirtiendo, a su vez, a los almiares en simples triángulos y a las mazorcas en una sucesión de puntos de un dorado intenso. Dominan los cálidos, los amarillos, los naranjas que contrastan con los azules del mar y del cielo. El blanco no ha adquirido todavía la importancia que tendrá más tarde y es un recurso más en manos del artista que gracias al no color capta frescura de los ajos, el brillo de la cerámica y la alegría de la luz.