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La obra es un ejemplo de la línea creativa desarrollada en los últimos trabajos del autor. Rafael Alonso había comenzado a investigar el tema de los bodegones a mediados de los años setenta siendo éste un motivo de gran interés para el artista y a través del cual resulta muy gráfica su evolución plástica.
Sobre una mesa alargada, se dispone, desviado hacia la derecha, un florero y un pequeño bodegón compuesto por tres manzanas colocadas sobre un mantelillo blanco. De fondo, sustituyendo a la habitual ventana abierta al mar, presenta una marina con dos veleros introduciendo el juego de cuadro dentro del cuadro y marcando diferentes niveles de profundidad.
La presencia de floreros es también constante y tienden a la esquematización. En las flores, la simplificación formal le llevará a utilizar una sola gama cromática, en este caso el verde oscuro enriquecido con pequeñas notas en negro y azul.
En la composición podemos apreciar la valoración del blanco como color al utilizarlo como base de las manzanas y como passe-partout de la marina. El descubrimiento y la incorporación de este color es ya evidente desde 1979, año en el que el autor declara que el blanco puede ser "el color imperante". Sin embargo, el impacto visual producido por el rojo de la embarcación surge, en opinión de Beatriz de San Ildefonso, por la influencia que tendrá el pintor Desidé en su trabajo.
La selección cromática es muy parca reduciéndose a los grises- azulados, los verdes, los blancos y los marrones, con algunas notas en rojo y amarillo por esto, el estudio de la luz, que penetra por la izquierda, se revela como un factor fundamental para enriquecer la obra, inundando de claridad este espacio intimista y familiar lleno de encanto.
EXPOSICIONES:
"Rafael Alonso". Mayo de 1991. Galería Saira, Vigo.