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La ría de Pontevedra, con la vista de la Isla de Ons al fondo, se convierte en el enclave adecuado para trasmitir la pasión que el autor sentía por el mar plasmando un mar agresivo, vivo, con identidad.
La sensación de masa agua, de naturaleza dinámica que lo inunda todo se intuye en una composición donde es difícil establecer una línea límite entre el cielo y océano. Las formas nacen del pincel y de la selección cromática que transmite el sobresalto de mar encrespado.
El color verde-azulado se impone como un tono imposible fruto de la superposición de tonalidades, de la fusión de verdes y de azules, gamas frías que contrastan con la calidez de la tinta agranatada de la zona rocosa.
El blanco adquiere un papel primordial porque no es un elemento pasivo sino que actúa, se erige en protagonista al conferir a la marina un aspecto embravecido, al expresar con exactitud la violencia del agua batiendo contra las rocas, consiguiendo que los verdes queden suspendidos para dar paso a la espuma blanca, densa, obtenida mediante el empleo de gouache. La continua investigación técnica y la incansable curiosidad de Rafael Alonso en todo tipo de innovaciones plásticas le permite dominar una pincelada desordenada, enloquecida, que logra captar la brevedad de un instante y reproducir la expiración de miles de gotas de agua.