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Al dorso, un boceto en lápiz graso de una figura femenina. La joven, recostada, exhibe un desnudo completo y muestra su rostro de perfil dirigiendo su mirada hacia la izquierda. Es un nuevo enfoque, un retrato de cuerpo entero que completa al busto representado en la cara principal de la obra.
Laxeiro ha considerado siempre al dibujo como parte fundamental de su trabajo y de su aprendizaje, una vía de experimentación y de ensayo fundamental para comprender y adentrarse en su obra.
Una figura de mujer joven, situada de tres cuartos, con la cabeza ladeada hacia la izquierda, se presenta mostrando sin pudor sus pechos, dispuesta para ser contemplada y totalmente ajena a la mirada curiosa del espectador.
La obra, de un gran realismo y frescura, manifiesta sus convenciones habituales con respecto al tema femenino en el que aúna dulzura y sencillez. Restringe el empleo de trazos gruesos para perfilar la figura y definir los cabellos, que contrastan con la textura de la piel aterciopelada, conseguida mediante un ligero difuminado. Los puntos en blanco parecen destellos luminosos que, como en los senos, consiguen atrapar la luz. El modelado de la imagen a partir del sombreado es también propio de un autor que busca un dibujo de formas rotundas y escultóricas de claras influencias picasianas.
La belleza y la dignidad de la imagen, su aspecto atemporal, revelan la capacidad creativa de un autor experto en recrear mundos de fábula y fantasía sin olvidarse de nunca de su faceta más lírica, el retrato y el desnudo femenino.