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A través del teatro se libera la capacidad creativa del artista introduciéndonos en un mundo irreal y visionario, con equilibristas, animales bicéfalos y hombres con cabezas de animales, simbolos de algún vicio o pasión. También aparecen círculos que aluden a ruedas de la fortuna, dianas, o discos astrales. Es un mundo embrujado, observado por los profundos ojos del autor que se esconde tras la cortina que enmarca a los personajes principales. El lirismo de las rosas, al borde del escenario, y el músico colocado sobre el pecho del curioso, son imágenes poéticas desencadenadas por la fantasía de un surrealismo meditado e intrincado en sus significados que el artista da por sobreentendidos, con antecedentes en el Bosco, Joan Ponç, o Max Ernst.
Bibliografía
obra reproducida en el catálogo de la exposición de la Casa de la Parra en la p.37
Exposiciones
: "Manuel Ayaso" Casa de la Parra abril-mayo 1997, Santiago de Compostela.