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La inmediatez de la acuarela le permite captar con pocos trazos y a penas tres colores la esencia del motivo. Juega con manchas y gestos espontáneos, intuitivos, transmitiendo, con la fuerza de la pincelada y el contraste de los colores, esa extraña confrontación de la que surge la armonía. Y vemos un florero negro con flores amarillas sobre un espacio acotado en la parte inferior con un trazo curvilíneo.