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El pintor recoge un fragmento del paisaje reinventándolo desde su más íntima sensibilidad. Y, más allá del agrupamiento de las casas, ordenadas geométricamente, con reminiscencias neocubistas, en un esqueleto dibujístico preciso y firme; con un juego de marrones, verdosos y amarillos, de empastes que atenúan brillos y prestan intimidad a la composición, hay algo que está presente, es el silencio que emana del cuadro, un silencio de soledades ,vinculado a la orografía de un paisaje de colinas y hondonadas con una atmósfera envolvente, contenida, entre la pintura y la poesía.