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En estos pequeños formatos fija Quesada impresiones que se desencadenan a partir de motivos percibidos de los que quedan a penas vestigios figurativos, rasgos, que son una referencia sobre el significado del cuadro pero no su tema. Ante ellos no hay que buscar argumentos, ni contenidos, ni nada que traicione o distraiga de alguna manera de lo único que ha de ser objeto de contemplación el cuadro que es la mera sensación de que estamos ante una obra de arte. El pintor parte de una leve estructura sobre la que teje un juego de acordes marrones, rosas, verdosos, azules y blancos como si de una pequeña pieza sinfónica se tratara.