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Crea un espacio, de carácter escénico, que nos sumerge en un clima visionario. En primer término destacan dos máscaras enfrentadas, apoyadas en el borde inferior de la tela; y, al fondo, de pie, un torso femenino de sinuosos perfiles, realzado con un elegante color bronceado. El pintor juega con la carga de misterio que imponen las máscaras y la dicción casi metafísica de la presencia femenina, moviéndose entre lo onírico-poético y la fantasía. A la sutileza del relato se une el dominio de la técnica alternando zonas que dejan ver el grano de la tela, como si el pigmento se filtrase desde el revés de la misma, y, zonas de materia más densa, con exquisitos resultados.