ÁNGEL ORCAJO
Orcajo, Ángel
( Madrid, 1934 )
Biografía
Ángel Orcajo nació en 1934 en Madrid. Comenzó sus estudios de dibujo y grabado en la Escuela Nacional de Artes Gráficas donde coincidió con artistas como Antonio López, vínculo que se convirtió en una amistad duradera y significativa para ambos. Posteriormente, terminó sus estudios de pintura en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando en el año 1957, momento en el que la influencia de Van Gogh resultó especialmente decisiva en su carrera y que se hace evidente en su expresivo uso del color y en una pincelada cargada de emoción.
En 1958, realizó su primera exposición individual en la Galería Abril de Madrid. Este período estuvo marcado por diversos pensionados que le permitieron estudiar en ciudades como Segovia o Santander, hasta que gracias a una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores y al Gobierno francés, pudo trasladarse a París en 1959. Esta estancia fue determinante para su trayectoria pictórica, ya que allí inició su primera etapa marcada por paisajes y naturalezas muertas que, aunque conservaban cierto academicismo en la forma, se proyectaban hacia un imaginario onírico y poético, influido por la obra de Marc Chagall. En estos años, Orcajo empieza a comprender que la pintura no debía limitarse a reproducir la realidad, sino que podía convertirse en un espacio mental.
Durante estos años de formación y primeros proyectos, un viaje en tren a Pontevedra para visitar a su hermano mayor, marcó especialmente su vida personal, ya que conoció a Maribel (artista plástica gallega), quien se convertiría en su mujer. A partir de entonces, Orcajo comenzó a vincularse de manera profunda con Galicia, donde terminaría asentándose en Buxán (Dumbría). El propio artista explicaba que en Galicia encontraba una autenticidad que sentía lejana en los entornos urbanos y en la dinámica del sistema artístico: “Encuentro más verdad en los ambientes rurales que en trabajar con empresas, galeristas”. Esa sensación se proyectará más adelante en la atmósfera de muchas de sus obras, y explica también la presencia de trabajos suyos en colecciones gallegas.
A comienzos de los años sesenta, Orcajo se adentró en la corriente figurativa en contraposición al informalismo, dominante en España en ese momento. Su pintura comenzó a evolucionar hacia un lenguaje más cercano al pop, compartiendo inquietudes con artistas de su generación, como Equipo Crónica, aunque distanciándose de ellos en intención y enfoque. Mientras que el pop tendía a la sátira directa y a la crítica inmediata, Orcajo buscaba explorar lo simbólico y lo metafísico, introduciendo dimensiones interiores y laberínticas. Como señala Eric Casais, en su obra parecen convivir dos ideas que giran en torno a la idea del realismo en el que trabaja el propio pintor: “uno: que la cabeza del artista no era o no tenía por qué ser una “caja negra”; y dos: que la realidad sensorial es cambiante”. Con esto, comenta que el arte siempre trata la problemática de cómo la realidad se nos presenta y de cómo nosotros, como espectadores, nos extrañamos de la realidad que se nos muestra.
Para ello, Orcajo realizó series de lienzos de gran formato, inspirándose en figuras que considera fundamentales, como Igor Stravinsky, cuyas composiciones musicales lo acompañan mientras trabajaba en su estudio; Andrei Tarkovski, cuya poética cinematográfica lo invitaba a pensar en la imagen como tiempo y Marcel Proust, con su obsesión por la memoria, el amor y el paso de los años. Estas series no buscaban retratar a esas personalidades, sino dialogar con su mundo interior. En ellas, el espectador no encuentra violencia explícita, sino una intensidad emocional que conduce hacia una reflexión sobre la fragilidad humana y la desilusión como condición compartida.
En 1966, Orcajo obtuvo una beca por parte de la Fundación Juan March para continuar sus estudios en Italia. Posteriormente, en 1969 fue invitado a exponer su obra en la Bienal de Sao Paulo en Brasil, consolidando su posición en el panorama internacional. La década de 1970, comenzó con una intensa actividad expositiva en Suiza, Bélgica, Alemania, Holanda, Dinamarca y Suecia, hasta que en 1975 representó a España en la Bienal de Venecia junto a su amigo César Manrique y su mujer Maribel. Aquel viaje marcó profundamente a ambos, significando una apertura a otros lenguajes y formas de entender el arte más allá de la España aún marcada por el final del franquismo.
A su regreso, Orcajo expuso en la Galería Marlborough la serie “Ingeniería de cabezas urbanas”, donde configuró metáforas visuales en la que los sistemas neuronales se convierten en estructuras urbanas: carreteras como sinapsis –conexión entre las neuronas–, pasos elevados como conexiones mentales y ciudades como paisajes de pensamiento. De esta serie surgen obras como “Cabeza Urbana”, “Dos Perfiles Urbanos”, “Díptico de los cerebros”. Sin embargo, la relación entre el artista y la galería terminó deteriorándose cuando esta presionó a Orcajo para reducir el formato de sus obras, buscando una mayor comercialización; la ruptura fue inevitable ya que Orcajo defendía el gran formato como una forma de confrontación directa con el espectador y como espacio de pensamiento expandido. Esto, lo que provocó que el artista se reafirmara en cuanto a la preferencia por las galerías rurales gallegas.
En 1980, el Museo de Arte Contemporáneo (MEAC) le dedicó una exposición retrospectiva: “Orcajo: 24 años de pintura”, en la que combinó la música jazz de Manolo Gas con su obra, reafirmando su concepción interdisciplinar del arte. Además, en 1986 viajó a Estados Unidos donde expuso en la Universidad de Columbia y en la Casa de España en Nueva York. Durante esta etapa, ejecutó “El icono herido” (1995-1997), una pintura de un rascacielos herido, atravesado, casi sangrante que, según la lectura del profesor Rafael Aberto Pérez: “ahora es un enorme y premonitorio rascacielos, años antes de las Torres Gemelas.”
En 1990, Orcajo exploró una abstracción geológica y arquitectónica que Calvo Serraller denominó “espacio y energía”, aunque pronto regresó a un expresionismo crítico alimentado por iconos prestados de maestros anteriores como la Torre de Babel de Brueghel el Viejo como se ve en “Sacrificio” (1995) o las esculturas de Henri Moore como se ve en “Ocaso con Figura de Henri Moore” (1997). Todo ello, son lecturas pesimistas de, como apunta el profesor Rafael Alberto Pérez: “la deriva humana exhibidos sin amagues a sabiendas de que unos tendrán la valentía de mirar (...) y tal vez tomar conciencia mientras que otros preferirán ignorarlo.”
Además, para llevar a cabo estos cuadros, toma como inspiración de nuevo el cine y concretamente “Metrópolis” ( Fritz Lang, 1927), como se puede ver en “Rompiendo olas” donde existe una clara referencia al cartel de presentación que hizo el director para su película. En el cuadro, se aprecia una acumulación de rascacielos que termina rompiendo por su gran altura, el techo de nubes que lo oprimía; estos, son aspectos que recuerdan claramente a la película como comenta –sobre la composición de los edificios en el cuadro– el profesor Carlos Salas González: “compuesto por nítidas líneas y volúmenes que se yuxtaponen y escalonan así como representado por un contrapicado (...) son aspectos que nos hacen pensar en los edificios de Metrópolis que mantienen una forma prácticamente idéntica”.
En la década de los años 2000, expondrá en la Iglesia de Santo Domingo de Bonaval (Santiago de Compostela, 2001) y el Instituto Cervantes de Milán y Roma (2008). También realizó murales de gran formato como el dedicado a Picasso en la Estación de trenes de Málaga o la del salón de plenos del Concello de Umbría en A Coruña.
Posteriormente, en el año 2009 tuvo lugar una exposición memorable en Palexco de A Coruña titulada “La belleza y la destrucción” comisariada por Antón Castro donde se encontraban obras de hasta 5 metros de alto, siendo considerada por su comisario y por Erik Casasis como “la sinfonía pictórica de Wagner”. En ella se encontraban obras como “Viento del alma” (2000) pintura en acrílico donde el alma es representada por una mujer pensativa a la deriva, en un naufragio en medio del mar donde el flujo del tiempo y los cambios sociales afectan a la personalidad dejando huellas que pueden variar la individualidad de cada uno.
En la década de 2010, las obras de Orcajo se verán bañadas por la presencia de la pintura romántica del siglo XIX, concretamente, por la pintura de Friedrich “El caminante sobre el mar de nubes” (1818), la cual se volvió recurrente, siendo recortada la figura del cuadro original e integrado de nuevo en paisajes mucho más catastróficos inundados de color que denotan peligro y soledad.
En 2021 la Universidad de Alcalá de Henares organizó una exposición antológica realizada por sus hijos, que reivindicó su figura como una pieza clave en el panorama del arte contemporáneo español de la segunda mitad del siglo XX.
En la Colección de AFundación se conserva la obra “El grito represión” (1975) donde Orcajo muestra una vez más su compromiso social a través de este grabado en el que se plasman rostros vendados gritando sin poder ser escuchados en una urbe marcada por el silencio y la deshumanización. Como señala el propio artista alrededor de su arte: “Mi rebelión ha sido luchar desde la pintura contra el poder en favor de los que menos tienen”.
Bibliografía
CASTRO, A. y CASAIS, E. Orcajo: naufragios y miradas: el error como espectáculo: obras escogidas de 1964 a 2008 (catálogo de exposición). Sala Municipal de Exposiciones de Palexco, A Coruña, 2009.
ANÓNIMO. Orcajo: un maestro de la pintura. Rialto, 2024.
CASAIS, E. Orcajo. Mi amigo Orcajo. Rialto, 2024.
ALBERTO PÉREZ, R. Ángel Orcajo: la autocreación permanente del artista. Vía PDF, s.f.
SALAS GONZÁLEZ, C. Del cine a las artes plásticas. Relaciones e influencias en las vanguardias históricas (Tesis Doctoral). Universidad de Murcia, 2010.
ANÓNIMO. Ángel Orcajo. Metamorphose Galería, actualizada en 2024.
ANÓNIMO. Ángel Orcajo. BBVA, s.f.
LADO, J.V. «El gran drama de nuestro tiempo es la deshumanización del hombre». La Voz de Galicia, 2017.