JUAN GOMILA
Gomila, Juan
( Barcelona 1942 )
Biografía
Juan Gomila nació en Barcelona en 1942, hijo de Bartolomé, vidriero mallorquín, y de Asunción. Su infancia y juventud transcurrieron en Gijón, adonde la familia se trasladó tras el contrato que su padre recibió en la fábrica de la Bohemia. Allí Gomila inició sus estudios en la academia San Lorenzo y, a partir de los catorce años, ingresó en la escuela de Comercio, donde completó los cinco años de formación. Durante este periodo se interesó también por la gimnasia deportiva, disciplina en la que alcanzó un notable nivel, llegando a ser preseleccionado con su equipo para los Juegos Olímpicos de Tokio en 1960. Sin embargo, una caída que le provocó la rotura del escafoides truncó su carrera, como él mismo recordaba: “no es una lesión grave para la vida, pero para la gimnasia es una lesión definitiva”.
Paralelamente, Gomila realizaba ya grandes cuadros de manera autodidacta, aunque su verdadera formación artística comenzó a los diecisiete años en el taller de J.Mª Navascués. Más tarde consideró la posibilidad de cursar Bellas Artes, pero finalmente optó por un aprendizaje independiente y asistemático. En Madrid continuó su formación con Antonio Suárez, pero su trayectoria mantuvo siempre un marcado carácter autodidacta, al margen de la enseñanza académica oficial.
Entre 1965 y 1967 residió en Londres, donde entró en contacto con el panorama cultural británico y conoció de primera mano la obra de Francis Bacon, que dejó una huella en él duradera tanto en la intensidad expresiva como en la tensión figurativa. También se acercó al Pop inglés y americano. Estos referentes configuraron un lenguaje basado en la luz intensa, el color rotundo y la exploración del espacio urbano, siendo esto último fundamental en su producción, como puede verse en obras como “Peatones”, donde veía tanto a los individuos como a la masa de una manera muy similar, tal y como él apuntaba: “en mi obra, la figuración (rostros y siluetas) se integraba con los elementos visuales del entorno urbano (señales de tráfico, luminosos, publicidad…) para conformar lo que yo denomino “paisaje urbano”: una imagen crítica de la Sociedad Industrial”.
Su regreso a España supuso una irrupción “de choque” en el panorama artístico, todavía bajo el franquismo y una apuesta por una figuración autónoma frente a las corrientes dominantes del informalismo y el expresionismo abstracto de raíz norteamericana.
Tras una estancia en México y Nueva York en 1972, desarrolló las denominadas “Cajas-ambiente”, espacios pictóricos que rebasaban los límites del lienzo tradicional y que le valieron el Primer Premio de la X Bienal de Alejandría (1974), representando a España, como explicó el propio Gomila: “se componía de un suelo de unos 80 metros, totalmente pintado de negro con figuras sobre el cual el espectador podía pisar y caminar y en el que había una serie de elementos móviles, con ruedas que podían manipular y disponer a su antojo”.
Estas obras expandían la pintura hacia el espacio arquitectónico ya que en el suelo se encontraban unas tablas de madera que aparecían atravesadas por marcas blancas, sobre las que se colocaban cuatro cajas compuestas cada una por cuatro paneles independientes, unidos mediante bisagras y dispuestos sobre ruedas. En el exterior se repetían los colores y los dibujos del suelo, mientras que en el interior se acumulaban siluetas de personajes anónimos y formas de señales de tráfico. Gomila pretendía que el público interactuase con la obra: moviendo las cajas, introduciéndose en ellasodejando sus propias huellas con el polvo de talco dispuesto en la sala con ese cometido.
El espacio incluía además un televisor y un proyector con imágenes de grandes atascos, y junto a Juan de Pablos creó “Una sinfonía urbana” a partir de los ruidos de la ciudad para acentuar el agobio urbano en el espectador. También invitó a un grupo de universitarios de teatro y danza a actuar en este espacio, anticipando lo que más tarde se conocería como performance. Estas propuestas se integrarían en lo que el ámbito anglosajón denominó “environment” es decir, ambiente: obras que configuran un espacio en el que el espectador se siente rodeado por la creación artística. En este caso, Gomila, buscaba representar la urbe mediante signos de interpretación antigua, sin un sentido político directo.
En 1975 presentó una evolución de estas experiencias en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, donde fue reduciendo algunos de los elementos anteriores y potenciando –y complicando– los de base pictórica. En paralelo, Gomila se adentró en el mundo audiovisual, colaborando en la película “Juan Gomila, a propósito de…” rodada en Súper 8 a color y dedicada a documentar su proceso creativo.
Durante la segunda mitad de 1970, Gomila desarrolló una serie de retratos de figuras conocidas en la cultura española, como los Reyes, Antoñete, Javier Solana, Ferrer Salat, Lalo Azcona, Adolfo Suárez, Bibí Andersen, Jesús López Cobos, Manuel Fraga, Francisco Umbral, Luis García Berlanga o Miguel Ríos, entre otros. En ellos exploró la tensión entre la apariencia pública de cada personaje y lo que el pintor lograba revelar mediante la mirada plástica. Estas obras prolongaban la idea de participación del espectador que había ensayado en “las cajas-ambiente”, aunque aplicada ahora a figuras reconocibles para el público.
En 1977, obtuvo el Primer Premio de la XIV Bienal Internacional de São Paulo, nuevamente como representante de España, con “Cajas-ambiente” pero ampliándola. En esta ocasión ocupaba una sala cerrada de 100 metros cuadrados, con marcas blancas sobre fondo negro, cajas de distitnos tamaños y colores muy llamativos en su interior, así como paneles móviles inspirados en señales de tráfico estadounidenses en forma de flecha para señalar la dirección de distintos destinos. En esta etapa realizó también “Los perros de Soweto" con una enorme carga política, inspirada en la represión policial en Sudáfrica.
En los años ochenta su proyección internacional se consolidó con la participación en el Pabellón de España de la Bienal de Venecia (1980), donde presentó una obra alejada del arte pop y más cercana a la “nueva figuración". Aunque coincidió con la oficialización del movimiento artístico de la "Transvanguardia", Gomila no se identificó con él. Su posición se definió por defender la pintura y la figuración como espacios de libertad creativa frente a modas y mercantilización.
Al mismo tiempo, exploró otros ámbitos de creación: en 1981, realizó la escenografía y el vestuario de “Un hombre es un hombre” de Berltotl Brecht, dirigida por Firedo Solter, y en 1984 colaboró con el diseñador Manuel Piña en un proyecto de trajes pintados presentados en Madrid, Barcelona, Fráncfort, Zúrich y Japón.
A partir de esos años, decidió aligerar sus obras tras considerar que las “cajas-ambiente”, resultaban demasiado complejas, como él mismo decía: “me resultaba muy pesada, tanto física como conceptualmente. Era como una ciudad entera llena de coches, tráfico, señales, polución, gente…y realizada con materiales pesados como madera y hierro”. Debido a esto, comenzó a aligerar su obra empleando materiales como algodón, papel y cartón. En esta época sus colores adquirieron una textura más líquida y fluida. Con ello pasó del estrés provocado por la urbe a la libertad y tranquilidad de su casa, comenzando así una nueva serie que consiste en espacios“interiores”.
En los años noventa inauguró una nueva etapa marcada por la abstracción y la exportación cromática con grandes franjas de color que recorrían la superficie del lienzo, recortando figuras y siluetas, más abrupto que en la década anterior. Posteriormente, en 2003 inició una serie denominada “recortables”, en la que intervenía sobre revistas y libros con un cutter hasta llegar al fondo; como explica Gomila: “la idea (...) era atravesar todas las barreras de la “información-desinformación” que nos rodea (televisión, publicidad, prensa…) para quedarnos con una especie de silueta de nosotros mismos”.
Esta idea la terminó de explotar en el año 2007, cuando decide fotografiar y ampliar a gran formato estos recortes incorporando así la fotografía y el mundo digital en su trabajo. A partir del año siguiente, esta línea de trabajo desemboca en la incorporación sistemática de la fotografía digital como herramienta fundamental de su proceso creativo.
Actualmente trabaja en su taller madrileño de la calle de la Colegiata, siendo este un espacio de creación y reflexión, donde ha cultivado un proceso artístico basado en el despojamiento de lo superfluo, la concentración en lo esencial y la búsqueda de una expresión que, lejos de las modas pasajeras, se mantiene vinculada a la memoria, la experiencia y la conciencia simbólica.
En la Colección de AFundación se encuentra su obra “Bicéfalo” (1990), donde se aprecia su gran interés por el Pop Art además de que en esta época, la figuración en sus cuadros estaba cambiando, no desaparecía, pero sí se diluía bajo un procedimiento pictórico mucho más abstracto y expresivo. En ella, las cabezas de frente y de perfil se combinan con una densa selección cromática, propia de su composición artística, generando un juego visual entre lo lleno y lo vacío.
Bibliografía
BRASÓ, E. y FUENTES FEO, J. Juan Gomila : apariencias, 1971-2008 : [exposición], [Museo Barjola, Gijón], octubre - noviembre de 2008. Museo Barjola, Gijón, 2008.
SUBDIRECCIÓN GENERAL DE ARTES PLÁSTICAS. Gomila : galería de figuras : exposición celebrada en el Museo Español de Arte Contemporáneo, mayo-junio, Madrid 1983.
RODRÍGUEZ AMAYA, F. Ser un gran pintor: Juan Gomila. Aurora Boreal, 2012.
PINTORES MODERNOS. Juan Gomila Barrés. Pintores modernos, s.f.
CUERVO, J. "Podría haber tenido relación con Bacon, pero se enamoraba". La Nueva España, 2023.
SAMANIEGO, A. J. La humanidad aparente de Juan Gomila. La Nueva España, 2008.
ARNESTOY, S. Cajas-ambiente, Club Pueblo-Sala de Arte, Madrid, 1973.