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Ficha de autor

AMADEO GABINO

Gabino, Amadeo

( Valencia, 1922 - Madrid, 2004 )

Biografía

Amadeo Gabino nació en Valencia en 1922 donde creció rodeado de materiales, herramientas y conversaciones sobre la forma y el volumen. Su padre, Alfonso Gabino, también escultor, fue su primera escuela: en su taller aprendió a modelar, a observar la materia y a comprender la paciencia del oficio. Durante la guerra civil española, el taller se convirtió además en el refugio y punto de encuentro de varios artistas madrileños, una experiencia decisiva para el joven Amadeo,  que descubrió el arte en medio de la precariedad y el desconcierto, intuyendo en él un espacio de libertad y revelación. 

Tras finalizar la guerra, Gabino ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde comenzó su formación oficial en 1939. Según Antonio García Tizón en esta época “esculpe, pinta y viaja (...) viajar es como una segunda vocación del artista, hace obra para viajar y viaja para hacer obra”. En estos primeros años, marcados por la posguerra, su obra se movió en la figuración y se expresó, principalmente, a través del dibujo y del grabado. En sus obras de este período se percibe una sobriedad expresiva, una contención formal y el respeto por la materia y la forma de la misma. 

Su trayectoria pronto se vio marcada por numerosas becas e intercambios internacionales que transformaron su mirada. En 1949 obtuvo una beca del gobierno italiano para estudiar en la Accademia delle Belle Arti de Roma, donde conoció a Mariano Marini y Carlo Carrà, cuyas obras lo impresionaron profundamente. En Roma, Gabino comprendió la diferencia entre la mera reproducción técnica –lo cual llevaba a cabo en la Escuela de Madrid– y la creación artística, escapando así del academicismo rígido de su formación inicial. Encontró en el arte italiano una libertad nueva, una fuerza de síntesis y una poética de la forma. De esta etapa data su obra “Bailarina”, con la que obtuvo el tercer premio en la Exposición Nacional de Madrid y donde se advierte la influencia directa de Marini y Manzù. Durante los seis meses de estancia en Roma, en Gabino se produce una gran transformación ya que se deshace del lastre de lo rutinario e imitativo y comienza a crear en las formas, como comenta Antonio García Tizón, “una dinámica y transparente sensualidad”. Con ello, Gabino desgrana la figura humana en formas, lo que se convierte en un pretexto para plasmar el estado del alma.

A su regreso a Madrid en 1951, continuó explorando nuevas vías de expresión a través de la obra gráfica y el color con acuarelas y gouaches. En 1952, gracias a una beca del gobierno francés, viajó a París para ampliar sus estudios en la École des Beaux-Arts y en la École du Louvre. Además tiene lugar su primer viaje a Alemania, Holanda, Inglaterra y Bélgica. Sin embargo, el fruto de la estancia en París es una exposición que tendrá lugar al año siguiente en Madrid en el Museo de Arte Contemporáneo, exponiendo a la vez su obra escultórica y su obra gráfica. En Francia, concretamente en el año 1956, se convierte en un lugar muy importante para Gabino, ya que se producen importantes exposiciones de escultura contemporánea donde aprende de los grandes maestros.

En 1954 participó en la Bienal Hispanoamericana de La Habana y obtuvo el Gran Premio en la X Trienal de Milán y recorrió durante este tiempo centroeuropa. Poco después se trasladó a Hamburgo, donde estudió litografía y grabado con maestros como Wunderlich. Allí realizó una serie de monotipos con barcos y paisajes marinos, en los que el color desaparece –sólo emplea blancos, negros y grises– y el horizonte se convierte en una línea esencial. Sin embargo, su lenguaje pronto volvió  al color, influido por Mondrian y Malevich y comenzó a experimentar con rodillos y pigmentos, anticipando una forma de pensar la escultura desde la superficie. Este interés por las estructuras y los planos sería la antesala de su siguiente etapa. 

En 1960 consiguió una beca de la Fundación Ford que lo llevó a Estados Unidos. Se instaló en Nueva York, aunque recorrió gran parte del país. Allí entró en contacto con Alexander Calder, Archipenko, Lipchitz y Louise Nevelson, artistas que confirmaron su interés por el metal, el espacio y la geometría. En palabras de García Tizón: “Estados Unidos es una dimensión distinta, otra para el artista europeo”. Ese mismo año presentó su obra en la galería D’Arcy de Nueva York, exponiéndose sin miedo a los riesgos de un lenguaje cada vez más experimental.

Durante esta década, Gabino inició su etapa constructivista, marcada por el empleo del hierro soldado y el estudio de los valores rítmicos y espaciales. Sus esculturas se organizaron a partir de módulos rectangulares que parecían ascender o expandirse, generando una tensión entre el vacío y la materia. Como señaló García Tizón: “no existe un dentro, sino que el volumen y el espacio, entreverados, juegan en pequeñas fugas o mareas en un ritmo predominante”. Este juego entre lo sólido y lo hueco se convirtió en una de las señas de identidad de su obra.

Posteriormente, a partir de 1965, la rigidez constructivista dio paso a un diálogo más libre entre lo técnico y lo emocional. La línea curva comenzó a dominar sobre la recta, y la escultura de Gabino se abrió a nuevas formas de equilibrio y movimiento. En estas obras, el metal adquirió un sentido poético y orgánico: los huecos y volúmenes se ordenan en torno a un centro invisible, generando un ritmo interno que parece aludir a ciclos naturales o cósmicos. De esta etapa destacan obras como “Homenaje a Vasarely II” (1965) en la que Gabino, emplea una soldadura de unas viguetas industriales de hierro entre las que quedan numerosos huecos, que García Tizón denomina como “los horizontes vacíos”.

De esta etapa destaca también la obra “Proliferaciones” donde se ven multitud de formas, sin escapar de lo técnico, siendo su meta con ello la armonía espacial. En la siguiente obra “Semáforos lunares” integra curvas liberándose de esas formas espaciales a través de un tintura de óxido. En su obra, “Pleamares”, la actividad artística que emplea es “de fuera hacia adentro” y se construye con el fin de crear una dinámica y una horizontalidad. 

El cierre de esta etapa vino marcado por la “Reja - Puerta” del Pabellón Español en la Feria Mundial de Nueva York, una imponente estructura de hierro de más de siete metros de ancho que simboliza la culminación de su investigación constructivista. Poco después realizó otra puerta para el Pabellón Español –petición por África del Sur– de Johannesburgo, en aluminio, creando a través del mismo un verdadero collage partiendo de distintas formas, ya que no existe una intención compositiva concreta, sino que es más libre y lírica. Así, parte de un rectángulo y lo va desdoblando, creando a través del mismo círculos, semicírculos o cuartos de círculos. Esto es, su nueva etapa, lo que García Tizón denomina “una construcción estructuralista (...) va adentrándose en un constructivismo poético”.

De este modo, Amadeo pasa de lo terrenal a lo cósmico y crea obras como “Saturno IV”, “Marte 111”, “Proa espacial 111” o “Armadura lunar”. Instalado de nuevo en Estados Unidos, entra en contacto con el mundo tecnológico y se deja fascinar por la precisión, el orden y la velocidad. En su obra “Armadura serena” emplea hierro con tonalidades de wolframio y un amarillo lácteo que evoca constelaciones. Su escultura se construye a partir de figuras geométricas independientes –cubos, círculos y pirámides– que giran en torno a un centro invisible, creando así círculos concéntricos. La luz acentúa los colores metálicos –rojos, amarillos y azules– y a su vez, las líneas de la escultura creando efectos ópticos que integran el movimiento en la forma. 

Ese mismo año, representó a España en la Exposición Mundial de Nueva York (1964) y en la Bienal de Venecia (1966), consolidándose como una de las figuras clave de la escultura española contemporánea. Su proyección internacional lo llevó a exponer en Ginebra, Berlín, Hamburgo, Zúrich, Chicago, Caracas, Helsinki, Nueva York, Copenhague, Basilea y Mannheim, entre otras ciudades.

En esta época también realiza sus grandes “frisos”, murales metálicos compuestos por módulos repetidos. Destaca el friso monumental situado en la presa de la Central Hidroeléctrica de Castrelo (Ourense, 1969), de catorce metros por veintitrés en acero y aluminio que combina verticalidad y horizontalidad, logrando un potente juego de ejes. 

Entre los años setenta y ochenta, su fascinación por el espacio y el universo se intensificó. Los motivos de sus esculturas —yelmos, armaduras, guerreros— se transformaron en referencias cósmicas. Las series “Marte”, “Apolo”, “Escudo de la luna” o “Argos” revelan un interés constante por el cosmos y la exploración espacial, al mismo tiempo que su obra se vuelve más abstracta y simbólica. 

Posteriormente, en la década de 1990 dedicó piezas a figuras históricas como Galileo, Schiller o Erasmo de Róterdam, en las que el metal se pliega con precisión casi científica. En su última etapa, Gabino desarrolló la “Serie 2000” (2002), un conjunto de esculturas realizadas en acero inoxidable de gran espesor. Su técnica, cercana a la metaloflexia, transformaba el círculo en estructuras abiertas y luminosas, de una elegancia austera. El empleo del acero pretende recordar a la luna a través de su palidez, su frialdad y su misterio para dialogar así Gabino con la materia desde una serenidad madura. En sus últimos años, sus esculturas se vuelven más compactas, cerradas y orgánicas, como si la energía del metal latiera desde dentro consiguiendo doblegar al gran acero inoxidable. En todas ellas, el movimiento sigue siendo el principio vital de su obra, la cual sigue creando hasta el final de sus días que tuvo lugar finalmente, el 4 de julio de 2004 en Madrid.

En la Colección de AFundación, se encuentra su obra “Sueño del silencio” (1980) en la que Gabino superpone planos y gamas frías para generar una estructura visual que parece expandirse desde un núcleo central luminoso. Las formas geométricas, se entrelazan creando una atmósfera de calma y recogimiento. La arquitectura compositiva recuerda a la escultura “Armadura lunar” (1970), donde también se sugiere un espacio interior protegido. El resultado es una abstracción que invita a la contemplación silenciosa.

Bibliografía

GALILEA, P., FERNÁNDEZ FUERTES, T. Y LÓPEZ RÍOS, F. J. Arteseriadas: xilografía, calcografía, litografía, serigrafía e mixta/aditivas. Deputación da Coruña, A Coruña, 2006.

GARCÍA TIZÓN, A. Amadeo Gabino: artistas españoles. Gráficas Alonso, Madrid, 1972.

MUSEO DE ALBACETE. Amadeo Gabino: esculturas, collages, grabados: (exposición celebrada en el Museo de Albacete, diciembre 1985 - enero 1986). Albacete, 1985.

PATUEL CHUST, P. Amadeo Gabino. La poética del espacio cósmico. Vía PDF, 1995.

PATUEL CHUST, P. El constructivismo escultórico de Amadeo Gabino. Vía PDF, 2018.

Obra

  • SUEÑO DEL SILENCIO

    SUEÑO DEL SILENCIO 1980

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