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Ficha de autor

MIQUEL BARCELÓ

Barceló Artigues, Miquel

( Felanitx, Mallorca, 8 de enero de 1957 )

Biografía

Miquel Barceló nació en 1957 en Felanitx, un pueblo pesquero de Mallorca, en un entorno marinero que marcó para siempre su relación con la materia, el paisaje y la pintura, aprendida primero en el taller doméstico de su madre, Francisca Artigues. Desde niño desarrolló una pasión por los pigmentos, los animales, la botánica y la lectura: “me he pasado la vida leyendo, pintando y buceando”,  como recordaría más tarde; en esta época, descubrió la obra de Joan Miró, cuya influencia sería decisiva a lo largo de su carrera. En su adolescencia estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Palma y comenzó un diario —hábito que nunca abandonaría— al tiempo que realizaba sus primeras exposiciones y emprendía un viaje al Sáhara (1969), de donde, como recuerda Alfonso de la Torre, ”tomó numerosas notas de la luz cegadora, los mercados y los esqueletos que habían a lo largo de la carretera”, impresiones que integraría posteriormente en su obra.

A comienzos de los años setenta vivió el clima asfixiante de la España tardofranquista, lo que como apunta la escritora Dore Ashton, empujó a su generación a buscar “algo más grande y visible que cualquier gesto local vanguardista”. Así, en 1973 viajó a París, donde tuvo la oportunidad de ver la exposición “Jean Paulhan à travers ses peintres”, descubriendo en ella el informalismo de Fautrier, Wols o Dubuffet –quien se convertirá en su principal mentor en esta época– y cuyo “Art Brut”, consolidó su rechazo temprano de todo academicismo. A su regreso pasó por Barcelona, donde estudió en la Escola Sant Jordi y se interesó por Dau al Set y el surrealismo de André Breton. Allí, junto a Bruno Fonseca y otros jóvenes artistas, formó el grupo “Taller Llunàtic” que organizaba happenings y acciones colectivas, aunque Barceló siempre mantuvo un camino personal que lo llevó pronto a separarse del grupo y declararse pintor profesional.

Durante estos años experimentó con materiales orgánicos, con la descomposición y la metamorfosis, como en “Caverina 15” (1976), lo que Barceló denominó:“un itinerario de la descomposición del arte conceptual”, o en “Pinzelles” (1979), donde retrata sus pinceles —algunos fabricados con alambre— y reflexiona en sus diarios sobre los límites de la pintura. En 1980 conoce a Miró y retoma la pintura desde problemas tradicionales, sintiéndose así por primera vez, más conectado al oficio y elaborando obras con densos blancos y dripping. 

En 1982 participa en Documenta VII donde amplió su mirada hacia las máscaras, el graffiti, el arte rupestre y la iconografía popular gracias al contacto con artistas como Beuys, Haring y Basquiat. También comenzó a producir bodegones de “carnes mal cocidas” y escenas animalísticas violentas. Ese mismo año, llamó la atención del galerista napolitano, Lucio Amelio, gracias al cual vivió en Nápoles, donde incorporó en sus obras cenizas volcánicas del Vesubio, pigmentos locales y referencias a Pompeya. 

En 1983 inició una profunda reflexión sobre el artista y su taller, tomando como referencia a Velázquez y “Las meninas” o a Picasso, quien también representó estos espacios. Para estos cuadros, trabajó en el suelo inspirándose en Pollock, como se puede observar en “Peintre peignant le tableau” (1983) o en “Il pittore a Bologna” (1982) donde se ve al pintor desde arriba y este a su vez mira un bodegón colocado más abajo. Ahora las composiciones son desde la verticalidad, no desde la frontalidad, lo que Calvo Serraller denominó “sus composiciones centrífugas”. 

Tras esta etapa, viajó a Nueva York por primera vez para conocer el arte contemporáneo y allí se encontró con Andy Warhol. Posteriormente en 1983, se instaló en París donde visitó el Louvre, leyó a Breton —que inspira “L’amour fou” (1983)— y recibió el apoyo crítico de Enrique Juncosa. En obras como “Giorgione a Felanitx” (1984) y "Stop reading", según Ashton, Barceló parece asumir un giro “de la obra del corazón a la obra de la mano”.

En 1986 había llevado a cabo distintos experimentos para crear nuevas herramientas, entre ellas, Juncosa destacó la técnica de Barceló en la que ataba varios pinceles para conseguir pintar con un único gesto. Esto le sirvió de gran ayuda al recibir ese mismo año el primer encargo público: la cúpula del Mercat de les Flors, para la cual replica la estructura y trabaja desde dentro de la misma. En ese mismo año expone en Nueva York tras la visita de Leo Castelli, aunque sin repercusión mediática, sin embargo, Barceló reconecta en esta época con el bodegón español inspirándose en Sánchez Cotán  ya que comprende que el bodegón es muy distinto a la naturaleza muerta europea, y para ello, se inspira en lo ya dicho por Fred Licht: "una manzana en un bodegón es esta manzana. Lo que cuenta es la individualidad de la manzana  y con este fin, está aislada la manzana española" .

En 1987 emprendió el viaje que marcará toda su vida: África, en busca, según Ashton, “de una extrañeza que alterase su propio paisaje interior”. Allí encontró afinidades profundas con Mallorca, registró insectos, clima y costumbres, y estudió, gracias a su obra “Eight Poles” (1987), sobre las transparencias y superficies mediante esmaltes y barnices. Su interés por las cuevas —ya presente en la Documenta— se amplificó, y la lectura de “La poética del espacio” de Bachelard profundizó esta preocupación. En obras como “Memorial Soup” (1987), retomó el memento mori donde comenta Barceló que: “lo humano y lo animal empiezan a ser intercambiables” empleando para ello, un estilo inquietante como el de Pontorno; por otro lado, la infinitud y luz de la arena africana culminó en “Horizon d’événements” (1989). Ese mismo periodo realizó la escenografía para “El retablo de Maese Pedro” en París (1987).

A comienzos de los años noventa, continuó viajando entre París, África y España. Tras superar enfermedades tropicales contraídas en África, pintó “Somalia 92” (1992), donde representa la lucha trágica por la supervivencia, concepto que Unamuno ya definía como: “eminentemente español”. En estos años, inició también esculturas en bronce y terracota los cuales moldea hasta conseguir animales, tótems, cráneos o vanitas que prolongan su reflexión sobre el tiempo y la metamorfosis. Paralelamente realizó sus Tauromaquias, haciendo una serie de 33 lienzos en técnica mixta sobre papel y cinco litografías de plazas-espirales –y bestiarios de sus viajes a África – donde exploró el movimiento circular y los cráteres de la arena en afinidad con las palabras de su amigo torero Luis Francisco Esplá sobre su pintura: "Desde entonces comprendo el vínculo total, absoluto, que existe en el círculo, la curva y el toreo, que en su esencia debe ajustarse al máximo a ese concepto”. 

A comienzos de los años 2000, recibió dos reconocimientos institucionales: la Medalla de Honor de las Islas Baleares (2000) y el Doctor Honoris Causa por la Universitat de les Illes Balears (2001). En 2002 realizó quince grabados sobre la evolución del toreo, retomando el ritmo circular como metáfora vital, creando un lenguaje inconfundible, tanto matérico como espiritual.

En 2008 se le encargó uno de sus grandes hitos: la cúpula de la Sala XX del Palacio de Naciones Unidas en Ginebra, que sostiene 35 toneladas de pintura solidificada en forma de estalactitas multicolores mostrando una vez más, su interés por las cuevas, como el propio Barceló comenta: “La cueva es la primera ágora, la única imagen posible del futuro: diálogo y derechos humanos”. En 2009, creó la Capilla del Santísimo de la Catedral de Palma, renovando la arquitectura de la gran catedral empleando cerámica, piedra, vidrieras y un mural de 300 metros cuadrados donde confluyen grutas marinas, texturas orgánicas e iconografía bíblica reinterpretada desde la materia.

En décadas recientes, ha ampliado su obra hacia los libros ilustrados “El libro del Océano”, “La Divina Comedia” en la fotografía “La catedral bajo el mar” y proyectos vinculados al arte prehistórico, como su participación en el Comité Científico de la cueva de Chauve-Pont d’Arc, donde se encuentran importantes obras de arte prehistórico (Ardèche), lo que le inspiró para crear su exposición “Miquel Barceló. Sol y sombra” en la BnF en el año 2016. 

Posteriormente, en el año 2024 entregó “La Grotte Chaumont”, una pieza cerámica de ocho toneladas encargada por la Región Centro-Valle de Loira, que combina su interés por las cavernas, por el mundo submarino y las formas cadavéricas humanas y animales. Para ello, Barceló comenta que: “los pigmentos son manganeso y hierro, los mismos que en la cueva de Altamira” donde deja su marca, posicionando sus propias manos.

Hoy alterna su trabajo entre Mallorca, París y Malí, manteniendo un corpus artístico inquieto, expansivo y profundamente ligado a la materia, al tiempo y a la experiencia sensorial. En la colección de AFundación se encuentra su obra “Au revoir” (1984) una litografía donde emergen la nostalgia del viajero y la esperanza de que llegue un mensaje donde mezcla el claroscuro, además de un juego de perspectivas característico de su trabajo. Como él mismo afirma: “Todo lo que hago se justifica como autobiografía”.

Bibliografía

ASHTON, D. Miquel Barceló. A mitad del camino de la vida. Galaxia Gutenberg - Círculo de Lectores, Barcelona, 2008.

ANAUT, A. (Director). Serie Creadores: Miquel Barceló [Documental]. CaixaForum +. 2023

GUGGENHEIM BILBAO. Biografía: Miquel Barceló. Última actualización: 2025.

GALLARDO, F. Miquel Barceló. Obra taurina. Portal taurino. Última actualización: 2022.

DOÑATE, M. La gruta de Miquel Barceló: La cerámica de Miquel Barceló llega al valle francés del Loira  [Noticia de RTVE]. RTVE PLAY, 2024

Obra

  • AU REVOIR

    AU REVOIR 1984

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