EDUARDO ARROYO
Arroyo Rodríguez, Eduardo
( Madrid 26 de febrero de 1937 - Madrid 14 de octubre de 2018 )
Biografía
Eduardo Juan González Rodríguez, conocido por su nombre artístico Eduardo Arroyo, nació en Madrid en el año 1937, durante la Guerra Civil, en el seno de una familia leonesa. Pasaba los veranos de su infancia en la localidad de Robles de Laciana, en León. Desde joven, Arroyo tuvo el deseo de ser escritor, pero su posterior exilio en Francia lo alejó de la lengua española y con ello, de esa vocación. Sin embargo, su vocación artística se manifestó de manera temprana en el dibujo y de forma completamente autodidacta. Consideraba el Museo del Prado como su verdadera escuela, donde descubrió a maestros como Zurbarán, Goya, De Chirico y especialmente, Velázquez, por quien desarrolló una gran obsesión que se materializó en su obra “Velázquez, mi padre” (1964).
Arroyo eligió la pintura sobre la escritura porque veía una relación directa entre ambas. Creía que la pintura tenía la capacidad de narrar el mundo a través de metáforas visuales, haciendo que sus obras no solo pudieran verse sino también “leerse”, desarrollando así un universo narrativo propio.
Tras finalizar sus estudios de Periodismo, Arroyo se exilió en París en 1958 tras haber cumplido con el servicio militar, debido a su rechazo por las ideas del franquismo. Se instaló en Montparnasse y comprendió su necesidad de ser pintor. En la capital francesa además toma contacto con las distintas corrientes artísticas que se estaban llevando a cabo donde se reivindicaba la figuración narrativa como arma de crítica política y social. Su primera exposición colectiva tuvo lugar en el año 1960 en el XI Salón de la Joven Pintura del Museo de Arte Moderno (MAM) a la que asistió con “La corrida de la mariposa” y durante la III Bienal de París presenta “Los cuatro dictadores” (Franco, Mussolini, Hitler y Salazar); esta última causó un escándalo diplomático y fue censurada en España. Estas obras ya muestran la ironía y el humor, rasgos que serán una constante en su carrera. En paralelo, Arroyo evoluciona del uso matérico del color a una pincelada más lisa y con colores más vivos, un cambio que también definirá su estilo.
Durante los años 60, su compromiso principal fue político, con obras que reflejaban la represión social, llegando a consolidarse como uno de los protagonistas de la vanguardia figurativa en el Atelier Populaire des Beaux-arts durante el Mayo Francés de 1968. Paralelamente, desarrolló una serie vinculada a la “España negra” retratando reyes del pasado, toreros y bailarines, desde una posición crítica, cuestionando los valores que todos ellos representaban.
A lo largo de su carrera, Eduardo Arroyo expuso tanto de manera individual como colectiva en galerías de toda Europa, siendo la primera la Galería Claude Levin. Además de su labor como pintor, trabajó como decorador teatral junto a Klaus Michael Grüber (1941-2008), quien lo eligió a él en lugar de un profesional, algo que era una audacia según remarca el propio Arroyo. El pintor aceptó su petición para evitar que la pintura se convirtiera en una rutina; en ese tiempo, llevó a cabo unos decorados que no eran móviles, sino que se manipulaban en una sola pieza.
En esta época, Gassiot Talabot denominó la pintura de Arroyo como “figuración narrativa”, sin embargo el propio artista no se reconocía en esa clasificación, ya que su objetivo era romper con los cánones del informalismo y la pintura abstracta, siento esto, lo más sonado en la Escuela de París. Al mismo tiempo, Arroyo adoptó una postura crítica hacia el arte de vanguardia, el cual consideraba una moda institucionalizada. Su compromiso se materializó en una serie de obras que cuestionaban la importancia de artistas como Marcel Duchamp, Salvador Dalí o Joan Miró.
A partir de 1970, sus intereses se ampliaron, y temas como el boxeo se convirtieron en una metáfora del oficio del pintor, un combate que el artista está siempre destinado a perder en el ring contra el cuadro. Posteriormente en 1974, comienza a pintar a numerosos amigos suyos, mostrando un gran interés por la figura humana. Buscaba capturar sus personalidades a través de retratos con distintas técnicas, desde óleo hasta collage entre otros, ya que como decía el propio pintor: “el modelo conduce la obra, su carácter la impone e influye directamente en el retrato y en su proceso”. A veces los realizaba de espaldas o de lado, creyendo que un retrato es intemporal. En este período también inició la serie “Reflexiones sobre el exilio”, basada en su propia experiencia.
En 1976, regresó del exilio a España y rehabilitó la casa familiar de Robles de Laciana, donde creó un taller de pintura junto a sus amigos Jonás Pérez y Lolo Zapico. Allí realizó dibujos y esculturas y desarrolló el groso de su obra litográfica a través de personajes oníricos como “El unicornio” o “Las novias de Muxiven”.
Posteriormente en la década de los años 80, llevó a cabo la serie de los “Deshollinadores”, otra metáfora de la pintura y el oficio de ser pintor y “Toda la ciudad habla de ello”, que lo introdujo en el mundo de la noche, con gángsters, accidentes y misterio, estableciendo una relación con el cine negro. En esta etapa, comenzó a abandonar esos colores tan vivos y vibrantes de las etapas anteriores, haciendo que el negro se convirtiese en el color principal de sus composiciones. En 1982, recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas del Gobierno de España y tan sólo un año después fue galardonado como Caballero de las Artes y las Letras por parte del Gobierno de Francia.
En los años 90, su obra se centró en temas relacionados con el contexto español, la literatura y personajes del mundo de la cultura, siempre a través de su mirada personal, llena de humor e ironía. En 1996 participó en la Bienal de Venecia con una serie de cuadros sobre España. Para ello, empleó una paleta de colores ocres, pardos y verdes, colores que se ven de las partes fértiles al viajar en avión hasta España, por las zonas de Castilla donde destacan los amarillos, lo que el propio artista denomina: “paleta española”. A mayores, presentó una España que cubre a otra que como él dice “al rascar un poco debajo aparece esa vieja España (...) esa radiografía de España”.
Su obra fue abandonando paulatinamente la temática española para centrarse en sus gustos literarios y artísticos, culminando con las ilustraciones de Ulises de James Joyce. El artista recibió importantes reconocimientos en sus últimos años, como la Medalla de Oro al mérito de Bellas Artes en el año 2000 y el Premio ABC Cultura y Ámbito Cultural en 2013. Finalmente, Eduardo Arroyo falleció el 14 de octubre de 2018 en Madrid.
En la Colección AFundación se conserva la obra “Sin Título” (1991), una serigrafía que refleja su interés por los personajes de la cultura actual y el cine negro, empleando un negro intenso que como se ha destacado, invade el cuadro.
Bibliografía
DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN Y ACCIÓN CULTURAL. Eduardo Arroyo: Le retour des croisades [Catálogo de exposición]. Museo de Bellas Artes de Bilbao. 30 de noviembre de 2017 – 9 de abril de 2018.
GARCÍA LÓPEZ, A. La estética del cine negro en la pintura de Eduardo Arroyo. Sonda, 8. 2019.
INSTITUCIÓ DE ALFONS EL MAGNÀNIM. Eduardo Arroyo [Catálogo de exposición]. Sala Parpalló, Valencia. 1986.
LA TÉRMICA CULTURAL. Eduardo Arroyo y Robles de Laciana. Viaje de ida y vuelta [Catálogo de exposición]. 22 de marzo – 29 de septiembre de 2024.
MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO UNIÓN FENOSA. Eduardo Arroyo [Catálogo de exposición]. A Coruña. 2004.
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. Eduardo Arroyo [Catálogo de exposición]. TF Editores. 1998.
MUSEO PATIO HERRERIANO. Historias controvertidas: decir lo indecible. Obras de la Asociación Colección Arte Contemporáneo [Dossier de exposición]. 18 de mayo – 27 de agosto de 2017.
SANTOS, F. Eduardo Arroyo: “Soy un pintor con una mirada muy introspectiva”. Fundación ENAIRE. 10 de septiembre de 1996.
REGIÓN DE MURCIA. ATLAS. Coordenadas e identidades en la Colección Mariano Yera [Catálogo de exposición]. Palacio San Esteban. 2022