Teatro: Cyrano de Bergerac. Pontevedra
El 28 de diciembre de 1897 se estrenaba en pleno corazón del París Teatral una obra singular, contaba la vida de un soldado gascón, lunático y poeta, conocido por su enorme protuberancia nasal... pero también por su bella poesía, por su facilidad de verso y por su afán por los duelos y las peleas. Se trataba de Cyrano de Bergerac. La obra, escrita por el joven y osado poeta Edmond Rostand conoció un éxito sin precedentes que se extiende hasta nuestros días. Con José Luis Gil en el papel protagonista y dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer, llega ahora en versión teatral a la Sede Afundación de Pontevedra el 23 de marzo.
Esta obra se enmarca en la Temporada de Abonos de TEATRO Afundación 2019, con la que adquirir tus entradas con descuentos. La cultura al alcance de todas y todos.
FICHA TÉCNICA
Autor: Edmond Rostand | Versión: Carlota Pérez Reverte y Alberto Castrillo-Ferrer | Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer | Intérpretes: José Luis Gil, Ana Ruiz, Álex Gadea, Javier Ortiz, Carlos Heredia, Rocío Calvo, Ricardo Joven | Maestro de Esgrima: Jesús Esperanza | Música y Espacio Sonoro: David Ángulo | Escenografía: Alejandro Andújar | Diseño de Luces: Nicolas Fitschel | Diseño de Vestuario: Marie-Laure Bénard | Jefa de Vestuario: Charo Jiménez Grueso Sastra en gira: Covadonga Orviz Díaz | Proyecciones, fondos y diseño gráfico: Manuel Vicente | Fotografía: Moises Fernández | Maquillaje: Mónica Valiente Peluquería: Silvia Ruiz | Asistente de Dirección y Producción: Javier Ortiz | Dirección de Producción: Sandra Avella Pereira
LA OBRA
Cyrano de Bergerac lo tiene todo: Aventura, pasión, tensión, humor, belleza, amor y desamor. Es un clásico entre los clásicos y un moderno entre los modernos. El referente para el público español es Gérard Depardieu en el mejor trabajo de su vida, un Cyrano que lo tenía todo en los ojos, esos ojos que habían visto muchas cosas en la vida pero que brillaban ante el amor. Así es la mirada de José Luis, amable y sabia pero también chispeante y despierta ante los retos que le ilusionan. Cyrano es un sueño, y como todos los sueños es lo único real. Este es un montaje necesario. Surge de un lugar muy verdadero, meditado y apasionado. Un montaje «a la europea» no con grandes aparatajes escénicos, sino con el lujo de las ideas y la belleza de las cosas sencillas pero efectivas. Un montaje de actores y de texto. Todo lo demás suma, pero no molesta. Un montaje que nos permita soñar con mosqueteros y con amores imposibles, con descarados lances y alegres bufonadas, que su verso sea música para nuestros oídos y su ritmo adrenalina para el corazón. Un montaje donde la magia del teatro nos haga trascender de los azares de la vida.
El auténtico Cyrano fue un coetáneo de Molière, una de sus obras más conocidas es un Viaje a la Luna por lo que se le considera un precursor (allá por el siglo XVII) de la ciencia ficción. Pero Cyrano es mucho más que una obra o un personaje, es el emblema nacional galo. El hombre valiente hasta el infinito pero acobardado ante la mujer que ama, el «negro» del guapo de la historia, Christian, al que escribe versos en secreto para su adorada Roxanne y que tiene un fin trágico y un tanto ridículo: le cae un tronco en la cabeza y tras unos minutos de delirio, muere.
Jose Luis Gil es Boris Yelnikof, un misántropo cascarrabias pero lleno de sensibilidad, que entre carcajada y carcajada es capaz de trufar la representación con las más tremendas reflexiones filosóficas. La complicidad con el público se forja desde los primeros segundos, el tándem con Ana Ruiz (Roxanne) multiplica exponencialmente la química actoral. Numerosas críticas lo atestiguan, pero los más de mil comentarios de los espectadores no dejan lugar a dudas.